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lunes, 4 de noviembre de 2013

“Mi último suspiro” o la lección de Luis Buñuel


Desde hace tiempo que vengo indagando sobre el surrealismo, especialmente en la persona de Salvador Dalí, quien visual e históricamente es quien representa esta forma de arte. Pero dentro del surrealismo había muchos hombres que desde sus especialidades artísticas contribuyeron, como es el caso de Luis Buñuel desde el cine.

Encontrarme con el libro autobiográfico de Luis Buñuel, “Mi último suspiro”, fue más que emocionante. Hay aspectos de la vida de este hombre, del surrealismo, y de la España conflictuada en la guerra civil que uno ni se imaginaría.

Da la impresión que hablar del surrealismo es como una especie de subgrupo social de un interés artístico particular, y así fue, con la venia o no de la mayoría de sus integrantes.

Quién diría que en la segunda década del siglo XX se conocerían en una residencia de estudiantes tres jóvenes españoles que simplemente soñaban con el arte, hacían arte, y sudaban arte. Se trataba de Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel. Quién se imaginaría que ese grupo sería trascendente para la historia de España y el mundo, que esa tierra que entraba en guerra civil estaba pariendo tres grandes cabezas. Y las parió.

Posteriormente fueron Dalí y Buñuel los que compartieron con el grupo surrealista en Francia, con André Breton a la cabeza. Vale recordar que Federico García Lorca fue fusilado muy joven antes de poder ver los grandes logros de sus amigos. Sin embargo, por cosas del egocentrismo que se da en el mundillo artístico serían muchísimos los impases este entre grupo y el insigne Dalí, inclusive Buñuel tuvo sus discusiones con él, pero eso no le quitaba el título de ser su amigo, tal vez por eso el cineasta lo toleró mucho.

“Mi último suspiro” es la revisión de los ideales de unos hombres de una época, de la pasión por defender en lo que se creía, esa búsqueda que tenía el ser humano de responderse muchas inquietudes alejados de los dogmas cristianos. A la luz de hoy puede verse como un idealismo de niños que jugaban a ser grandes, una especie de adolescentes revoltosos que buscaban llamar la atención, pero no, la intención del surrealismo era generar un sentido crítico de la humanidad, y no se equivocaron, o eso creo todavía.

Buñuel no sólo tuvo que batallar contra la crítica, es lo de menos, siempre habrá la crítica, y aquellos que no entienden el arte de vanguardia, sino que lo más difícil fue hacer cine fuera de su patria con escasos recursos. El gran Buñuel, el director de “Un perro andaluz” y “La edad de oro”, era un incomprendido por la crítica estadounidense. Si eso fuera poco, ese ímpetu artístico lo mezcló con el amor por su patria al participar como colaborador del embajador de la república española en Francia para conseguir armas o implementos que fueran necesarios para los rebeldes españoles.

Con apenas 29 años Buñuel había hecho su primer corto “Un perro andaluz”, ¿y qué he hecho yo a mis 32?, mejor ni lo pienso. Claro, es que él descendía de una familia pudiente, pero tampoco es que la cosa fue de maravilla para él. Vaya que la vida no es fácil, así vengas de una familia con buena base económica. Hacer cine en una época donde todavía este arte era mirado con recelo hay que verle la cara.

Buñuel publicó este libro en 1982, un año antes de morir. Y puedo asegurar que pese a sus inquietudes y miedos como cualquier ser mortal, se murió en paz y realizado. No cualquiera puede recordar en su lecho de muerte que tuvo una cena espectacular en Estados Unidos al lado de grandes cineastas como John Ford o Alfred Hitchcock, que tuvo como mentor por unos meses a Charlie Chaplin, y que pudo compartir una conversación con el cineasta que más admiraba que se trataba de Fritz Lang.

Espero poder decir en mi lecho de muerte que cené con Pedro Almodovar, Emir Kusturica y David Lynch.

Al final lo que más adoré de este personaje de la vida real es que era realmente humano, terrible, juguetón, creativo y entregado apasionadamente a sus ideales, sin descartar una revisión constante de sus pensamientos y proceder.

viernes, 31 de mayo de 2013

La vida que brota en Pina


La palabra “Vida” viene a la mente cuando se ve el documental “Pina” de Wim Wenders. Esa fuerza que emerge de la naturaleza, la energía, la vitalidad, la alegría, todo ello se conjuga en cada uno de los montajes que en su trayectoria entregó la bailarina alemana Pina Bausch.

Estos dos hijos de la herencia teutónica, Bausch y Wenders, han entregado a la vida del baile y del cine una joya que marcará por siglos los hitos en la cinematografía y en los registros de la realización de un documental. Tuve la oportunidad de ver esta pieza en la serie de cine foro que inició en los espacios del Trasnocho Cultural para dar bienvenida a la llegada del Festival Vida la Danza 2013.

¿Cómo paré en esto?, no voy a echar la versión larga del cuento. En resumido, el pasado miércoles 29 me encontré frente a una gran pantalla, rodeada de mis compañeros del diplomado de escritura de guiones, primero con expectativas y luego anclada a un mar de vida en cada encuadre y en cada color que viajaba de un lado a otro, entre las faldas de las bailarinas, la fuerza de los elementos de la naturaleza que usaba Pina en sus producciones, y el malévolo ojo de Wim Wenders que seduce como un Don Juan a cualquier espectador de cine, sea novato o prejuiciado.

El contraste en los colores usado por los bailarines en su vestimenta hacia un conjunto poético con la fuerza de sus movimientos, mientras el público pudo observar partes claves de las piezas más destacadas de Pina como fueron los montajes “Consagración de la primavera” y “Café Müller”.

“Me tengo que ir, pero no quiero”, me dijo una compañera apurada a ir a buscar a su hija en mitad de la proyección, fue un complot de la realidad que rompe de súbito el paseo hermoso por el arte bien hecho.

Yo no sé qué sintieron el resto de los espectadores en la sala, pero cuando escucho “Luna de Margarita” en la voz de Simón Díaz me sentí feliz y a la vez desorientada, ¿la voz de un venezolano en la proyección de una bailarina alemana?, y veo a ese hombre danzando con ese dolor interno acompañado de la mejor música venezolana, pues yo sentí que en cualquier momento arrancaba a llorar, así fuese una lagrimita nada más. Pero qué hermosa es la canción venezolana, qué grato el hecho de que un artista extranjero la valore, que magistral, te quita el aliento. Es como esa palmada que sientes de tus padres cuando haces algo bien y te lo reconocen, y entonces te sientes grandote. Eso nunca lo olvidaré.

Al terminar la proyección de la película, y yo todavía con la seducción en mi mirada, creo que lo más parecido es subir a un carrusel sin miedo y disfrutarlo, entonces le tocó el turno a Eloísa Maturén de dar inicio al foro como coordinadora del festival, acompañada de Bettsimar Díaz y de Robert Gómez. La hija del queridísimo compositor venezolano narró su experiencia con Pina Bausch, quien destacó que aun sabiendo el trabajo, la trayectoria de Pina, jamás se iba a imaginar que un día llegaría un recibo a su casa por concepto de pago de derechos por el uso de dos canciones de su padres por parte de la bailarina alemana, y así fue. Luego tuvo la dicha de llegar a la ciudad alemana donde funciona la compañía de Pina que fue donde presentó la producción.

Por otro lado Robert Gómez, quien fue el culpable de llevarnos a la locura esa noche en el Trasnocho Cultural como profesor del diplomado, le tocó el rol de explicar el valor cinematográfico de este documental. Destacó que Wim Wenders se vio en la necesidad de reprogramar el sentido de la pieza pues lamentablemente la bailarina murió semanas antes de comenzar el rodaje, por lo cual dio paso a que fueran los miembros de la academia de baile quienes hablaran de ella a partir de sus experiencias.

Gómez habló del universo de Wenders y de cómo lo conserva en el documental, como es el caso de los espacios abiertos de las ciudades tal como le place al cineasta, y hace mezcla del asfalto con el trabajo de los bailarines.

Antes de echarse a la aventura de ver el documental, lo más seguro es que lo tenga en DVD o descargado por internet, por favor asegúrese de verlo en un televisor pantalla plana y con calidad de imagen para que deguste como debe ser este hermoso trabajo de Wim Wenders y el legado de Pina Bausch. 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

“Azul y no tan rosa”: cine nacional sublime



Luego de ver malandros, resentimiento, vulgaridad y típicos machos latinoamericanos en el cine venezolano, cuando uno tuvo la oportunidad de ver “Reverón”, “Una mirada al mar”, entonces piensa “se viene un cambio en el cine nacional”.

En defensa de los hacedores de cine, expertos, casi expertos e improvisadores, puedo imaginar lo difícil que es hacer una película, sobre todo ir dispuesto a la batalla audiovisual con un buen bagaje cultural que te permita desarrollar y resolver el proyecto, desde el nicho de la escritura de la historia hasta la post-producción, ya que la creatividad no basta, es importante montar los elemento de manera inteligente y coherente.

“Azul y no tan rosa” de Miguel Ferrari es un paseo hermoso por un país posible, donde el camino va enseñando a los personajes el significado de la palabra tolerancia. Varios conflictos se encuentran en un mismo camino para luego separarse hacia los espacios que les corresponde.

Un homosexual que decide formalizar su relación, luego el choque de la llegada de su hijo que lo rechaza por su preferencia sexual, luego el enfrentarse al dolor de la homofobia como fenómeno social, una mujer que busca reír pero lleva la tragedia de ser maltratada por su pareja, un transformista que se da cuenta de su fracaso y busca redimensionarse hasta asimilar lo que realmente es, un adolescente que no se acepta físicamente, todos en un mismo carril.

Se puede pensar que esta película tiene un ligero acercamiento al estilo almodovariano, pero cabe resaltar la diferencia de que esta pieza se inclina más a la ironía y sutileza, mientras que el cineasta manchego se destaca más por el erotismo y el humor negro.

Cada uno de los conflictos fueron salvados de caer en los clichés, sin alejarse de la realidad, pero haciendo algo sublime, dándole fuerza a cada personaje sin abandonar sus condiciones humanas. Es la clase de cine donde, pese a las condiciones adversas, o perversas, busca brindar un aliento al público exaltando valores para una transformación de la visión de nuestro entorno.

Hay una propuesta de belleza, una estética emocional y que busca acariciar lo sublime del alma humana, superior a la naturaleza perversa que explica Sigmund Freud. Es tomar la fotografía como bandera de esa belleza que muchos artistas por los siglos han buscado para burlarse de la realidad, una belleza que les permita sonreír con esperanza a la vida, un oasis para la vista y el espíritu.

Aquí la cámara fue una compañera tanto del protagonista como de la historia en general. Mostraba espacios paralelos, como visiones generales, permitiendo que el personaje principal fuera visto como lo que es, un ser más en este universo, con sueños, anhelos y fracasos.

También lo magnifico es que esta película no se quedó en el entuerto dramático, buscó otros ingredientes como los románticos y humorísticos, mostrando lo absurdo de nuestras visiones.

Escenas memorables tiene muchas, pero la que estoy segura que nadie va a olvidar es cuando Fabricio, la pareja del protagonista Diego, mientras yace en Terapia Intensiva, sus padres prohíben a Diego pasar a la sala a verlo, a lo que el padre de Fabricio enfatizó “Prefiero ver a mi hijo muerto antes que contigo”, y el protagonista responde “Estás actuando como los hijoeputas que lo golpearon”.

“Azul y no tan rosa” es un réquiem a la vida, a la tolerancia, a buscar nuestros propios espacios en esta vida terrenal, a enfrentar los miedos, a dejar la vergüenza de mostrar lo que somos, y sobre todo, el respeto hacia el otro, un regalo de todo el equipo y su realizador Miguel Ferrari.

El cine nacional queda marcado con un antes y después de esta pieza, con una hechura que rompe con el barroquismo que frenaba el avance en nuestro lenguaje audiovisual.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

EEUU y Francia: esa eterna rivalidad cultural


Con motivo de ver la película francesa “Intocable”, cuyo título original es “Intouchables” pero traída al mercado venezolano con el nombre de “Amigos para siempre”, sencillamente resumo mi experiencia de que se trata de otra clase de film, lo que amo, el dinamismo, la oda la vida.

Pero este asunto de hacer arte es más egoísta que macho alfa negando comida al resto de la manada. Varios críticos expresaron que la construcción del film era esencialmente hollywoodense.

Olivier Nakache y Eric Toledano hacen una dupla interesante al escribir y dirigir a dos manos la película “Intocable”, cuya historia es resumida así: Philippe, un aristócrata que se ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente, contrata como cuidador a domicilio a Driss, un inmigrante de un barrio marginal recién salido de la cárcel. Aunque, a primera vista, no parece la persona más indicada, los dos acaban logrando que convivan Vivaldi y Earth Wind and Fire, la elocuencia y la hilaridad, los trajes de etiqueta y el chándal. Dos mundos enfrentados que, poco a poco, congenian hasta forjar una amistad tan disparatada, divertida y sólida como inesperada, una relación única en su especie de la que saltan chispas. (FILMAFFINITY)

Dicha película, basada en una historia real, es obvio que traiga consigo una cierta exageración de lo real, ese veneno delicioso que trae todo arte, en este caso el séptimo arte. Para que vean que no exagero aquí dejo algunas de las expresiones de los críticos.

"Una película para público de multisalas, ávido de mensajes edificantes" (Sergi Sánchez: Diario La Razón)

"Oda al público medio. (...) Hollywood no podrá hacer una nueva versión de 'Intocable'. Mentira, la hará, pero será imposible hollywoodearla más" (Javier Ocaña: Diario El País)

Y yo me pregunto, ¿es que acaso todo el cine que ha hecho Estados Unidos es tan basura para desecharlo?, ¿acaso el cine francés posee eternamente la etiqueta de ser perfecto por haber sido la génesis?. En todo caso lo que se debería revisar es tanto el uso de los avances tecnológicos como las historias desarrolladas. Lo que es innegable es que al toparse con una película como esta uno sale revitalizado, amando la vida, entendiendo que las diferencias no nos separan sino que nos hacen particulares, que esas diferencias son para disfrutarlas, que la compasión no es suficiente, que la gallardía está allí como el recurso para ser feliz. Total, ¡la vida es una sola!

De mi parte puedo decir que la historia de este film está sabrosa, los personajes magistralmente construidos para amarlos y comprenderlos, que nos muestra la maestría actoral de François Cluzet como el millonario cuadrapléjico y Omar Sy como el inmigrante asistente. A fin de cuentas, ¿qué buscan en una película?, eso es lo que define las preferencias del público y los diferencia. Si lo que quieres es reír y salir con un sabor divino en el alma entonces para ti es este film francés.

martes, 2 de octubre de 2012

Están todos bien: ver la belleza de la vejez



Tratar el tema de la vejez puede parecer tierno para cualquier escritor o cineasta. Es una etapa de la vida que brinda muchas aristas para cualquier artista. Sin embargo, la belleza, ternura y soledad que lo acompaña se dibujan como trampas asesinas que pueden devorar la creatividad de cualquier inocente enamorado creador que quiera sorprender a los lectores o espectadores.

Por ahora, lo que corresponde a nuestra idiosincrasia americana todavía es difícil comprender y mirar con profundidad el hecho de la vejez. Por los momentos está plagado de muchos estigmas. No es muy común ver este personaje como protagonista en alguna producción cinematográfica en este continente. Por los momentos, lo que puedo citar es la película argentina “Conversaciones con mamá”. De todas maneras, dicha pieza se centra más en la visión que tiene el hijo sobre su madre entrada en la tercera edad.

“Están todos bien” (Stanno tutti bene) es una road movie donde el espectador se lanza un viaje por tren con Mateo, un viejo siciliano viudo y jubilado, que decide ir a visitar a sus cinco hijos que están repartidos en diferentes ciudades de Italia. “Este viaje sólo le sirve para comprobar que, bajo una apariencia de prosperidad y bienestar, la vida de sus hijos y sus familias está marcada por la tristeza y la insatisfacción”, reseña la página Filmaffinity.

El viaje sirve como excusa para ir mostrando, a lo largo del recorrido, todos los recuerdos del viejo Mateo, y es que pasen los años que pasen siempre los padres verán a sus hijos como los niños inocentes y juguetones.

Aquí el director se pasea en esa nostalgia de los ancianos, así como sus aparentes lagunas, del mismo modo muestra el anhelo que todos los padres tienen sobre el futuro de sus hijos, y de manera inteligente lo contrasta con los fracasos.

Lo magnífico de esta pieza es el acierto y el uso equilibrado de cada elemento dentro de la historia. Las dosis de drama y de comedia están perfectamente equilibradas. Aquí se refuerza la visión del hombre familiar y padre protector que caracteriza a la sociedad italiana.

En esta película se conjuga la angelical y auténtica actuación de Marcello Mastroianni, con el toque musical de Ennio Morricone, y el acompañamiento de Tonino Guerra y Massimo De Rita en el guión, todos bajo la batuta de Giuseppe Tornatore. Esta conjugación de talento, experiencia y creatividad entrega un producto final digno del buen cine italiano, ese cine humano, profundo, comedido y alegre a la vez.

El director Guiseppe Tornatore, más recordado por su película “Cinema Paradiso” y luego “Malena”, reitera aquí el amor que siente por Italia, sus pueblos, la sencillez de su gente, regalando personajes entrañables, nobles, de espíritu humilde, ese encontrarse con la mortalidad de forma serena, personajes sin avaricia, limpios de exageraciones, comunes, cercanos, a veces fracasados y otras dignificados. Tornatore no juzga a sus personajes, los ama, al igual que Federico Fellini amó de manera infinita a los suyos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Para ver en familia: Black


De la creatividad del director hindú Sanjay Leela Bhansali nos llega esta hermosa historia “Black”, donde las oscuridades de la vida se convierten en colores de esperanza, sí, así como lo canta Diego Torres.

La autobiografía de Hellen Keller es lo que da el nacimiento a este film. El drama de una niña sorda y ciega que irónicamente consigue la luz por medio de un profesor alcohólico, cuya metodología ortodoxa le permite a la menor una vía para comunicarse con el resto de las personas.

En esta película se nota la forma dramática exagerada de los hindúes, pero que calza perfectamente con la historia. Esta producción cuenta con las actuaciones magistrales de Amitabh Bachchan como el profesor Debraj Sahai, y de Rani Mukherjee como la joven Michelle McNally, ambos acompañados por lo que yo definiría una niña prodigio Ayesha Kapoor haciendo de Michelle en su etapa infantil, quien deja sin aliento a cualquiera mostrando el lado salvaje y a la vez inocente de la sorda-ciega.

“Black” nos habla de una niña con ganas de superarse, con unos padres conservadores, y un profesor tenaz que busca romper los prejuicios de una universidad por hacer posible el sueño de su alumna.

Los aspectos técnicos de la película están muy bien manejados y cuidados, además de presentar una fotografía que parece tomar un ritmo similar a la historia, haciendo un ensamblaje perfecto para entregar una verdadera joya, inclusive un film que puede servir de cátedra para actuación. Esta es sin duda una película para ver en familia.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Sigue la evolución en el cine nacional: “Una mirada al mar”

Voy a empezar hacer unos post para recomendar unas películas que deben ser vistas en familia, o seudo familias, no importa cómo sea la tuya, pero véanlas acompañados de sus seres más queridos y entonces entenderán que el arte también difunde luces.

“Una mirada al mar”, dirigida por Andrea Ríos, con apoyo de la Vila del Cine, es lo que califico como la evolución en el cine venezolano. Va más allá de la violencia, armas, lenguaje obsceno y escenas de sexo, porque no lo tiene, y es bueno aclarar que se trata de una película diferente para un gusto diferente.

La trama es así: Rufino queda viudo y decide dejar Caracas para regresar a su pueblo de San Pedro, un pueblo donde el sabor negroide se mezcla con el culto a la Virgen del Valle en medio de un majestuoso paisaje que regala el mar. Regresa a la casa de su amigo Gaspar, y se da cuenta que este último está cuidando una niña huérfana que está en proceso de adopción por parte de una profesora. Ambos, Gaspar y Rufino, desde jóvenes se dedicaban a la pintura y era lo que los unía.

La convivencia se torna difícil para Rufino, ya que no es del agrado de la niña y esta hace todo lo posible para hacerlo sentir mal en la casa, mientras tanto él soporta esperando a que le sea restaurada su vieja vivienda del pueblo. En medio de ese escenario la niña tiene la misión de entregar un cuadro de su autoría al colegio para ganar un concurso. Ella cuenta con Gaspar para cumplir con esa tarea sin imaginar que dependerá de Rufino para lograrlo. Y lo más importante, que la película rescata lo importante del valor de la familia, esto planteado a través de la pintura como marco que va acompañando a la historia. No digo más porque sino quito el encanto.

Sinceramente desconozco de cuántas semanas lleva esta película en cartelera, pero me encuentro que a estas alturas sólo se está presentando en tres salas en Caracas, cosa que me resulta lamentable. En el cine de El Paraíso, en Galería Avila, y en el cine del Unicentro El Marqués.

A todas estas el planteamiento cinematográfico de la película cae por detalles en el manejo del sonido y de la iluminación. Sin embargo la fotografía y el acompañamiento musical, junto con las excelentes actuaciones, y el show que se roba la niña Yucemar Morales, significan un refrescamiento del cine nacional.

En más de una oportunidad me provocó estar en esa playa, con aquella incandescente luz del sol que mostraba la película.

Hay una escena que me dejó sin aliento, y para los que aman la buena fotografía sé que también lo apreciaron así, cuando Rufino sentado en una parada de buses descubre en su bolso la pintura ingenua que había hecho la niña. La cámara hace un paneo en circular, que en conjunto con la expresión del actor es mucho lo que transmite.

El cine venezolano está evolucionando.

martes, 16 de agosto de 2011

Cine y literatura oscura

Conocí a David Fincher con “El curioso caso de Benjamín Button”, una película con una historia bien narrada, hermosa, diferente, fotografía impecable, pero sin lograr que mis neuronas se detuviera a decodificar cada imagen. Sin embargo, no era su primer trabajo y los anteriores no los había visto.

Tuve la oportunidad de adquirir el libro “El Club de la Lucha” de Chuck Palahniuk, relato breve cuyas páginas iban incrementando en la dosis de anarquía, amargura, desengaño y rebeldía. Por qué negarlo, me sirvió de catarsis, no siempre todo marcha bien.

La novela ofrece un excelente humor negro en medio de las desavenencias en la vida del protagonista y su transformación al conocer a Tyler Durden. Las peleas clandestinas se convierten en su mejor válvula de escape, a la par que descubre lo más oscuro de la naturaleza humana, incluso de sí mismo.

“El Club de la Lucha”, la novela original, ofrece descripciones impecables, sencillas, precisas y ágiles, un ejemplo de verdadera vanguardia literaria, haciendo gala Chuck Palahniuk de una alta dosis de sarcasmo e imágenes escatológicas.

Palahniuk viola cualquier estamento literario para atreverse construir párrafos con sólo una línea, constituido por dos o tres palabras, entonces vale preguntarse ¿qué es un párrafo?

Debo afirmar que me dejó gratamente sorprendida el trabajo de David Fincher en su adaptación al cine, tomó la esencia y elementos importantes de la novela, valiéndose de una estética dinámica y oscura para mostrar a los tres personajes principales.

A continuación comparto con ustedes las citas que fui atrapando del libro mientras el personaje de Tyler Durden ofrece una cátedra de anarquía postmoderna:

  • "¿Qué sería de Jesús si nadie hubiera escrito los evangelios?"
  • "... Entre unas tetas flamantes y sudorosas que pendían tan gigantes como concebimos la grandeza de Dios"
  • "Tanto se ha hundido el fruto viejo y magullado de mi rostro que pensarías que estoy muerto"
  • "El portero se sonó la nariz y algo cayó en el pañuelo con la solidez de una pelota de béisbol"
  • "Tal vez la autosuperación no sea la respuesta... Tal vez la autodestrucción sea la respuesta"
  • "Los animales no están hechos para llegar a viejos"
  • "Sus dientes son sólo fragmentos de hueso que sobresalen de la piel con el objeto de triturar alimentos"
  • "El desastre es una parte natural de mi evolución hacia la tragedia y la disolución - susurraba Tyler"
  • "Y hundo las tres muelas entre el pelo y la mierda y los huesos y la sangre, para que Marla no pueda verlas"
  • "Antes de que se acabe la civilización tendré que aprender a leer las estrellas y a orientarme por ellas"
  • "Y vuelo lentamente por la puerta hacia la noche con las estrellas allá en lo alto y el aire frío"
  • "Esculpiría las estatuas de Fidias del Partenón con una Almádena y me limpiaría el culo con la Mona Lisa"
  • "Soy una muestra seca de tejido sanguinolento sobre el colchón desnudo de mi habitación"
  • "Todo en el cielo es silencioso, como unos zapatos con suela de goma"

Y después de todo ese barril de desconcierto y desahogo, en medio de una confusión de identidad, Palahniuk le da conclusión a su novela con la siguiente frase, y es el mejor resumen:
  • "Vamos a acabar con la civilización para hacer del mundo algo mejor"
A continuación el derrumbe de unos edificios, del poderío comercial. Así cierra la película.

lunes, 2 de mayo de 2011

Cine y literatura, ¿un matrimonio disfuncional?

En un post anterior mencioné que el cine en sus comienzos se alimentó del teatro, y este último es también literatura. Saltaré el punto de la discusión del nexo entre el libreto teatral y la literatura, para entonces dar paso a otro alimento del cine, las bellas letras, la literatura.

A estas alturas han sido muchas las novelas y relatos llevados a la gran pantalla, de diferentes latitudes, y esto seguirá ocurriendo. Pero lo que me inquieta es determinar cuándo se trata de una buena adaptación y cuándo no. ¿Hay acaso una regla para llevar a cabo este proceso?

La frase más común entre los espectadores es “Nunca una película igualará a la emoción de un libro”, y entonces nos limitamos a creer que el cine nunca recreará, aunque sea el 80 por ciento, la imaginación del lector, o inclusive superarla. Sin embargo, todavía los jóvenes de bachillerato cuando les mandan a leer “La casa de los espíritus” prefieren ver la película, y no con orgullo debo confesar que cometí ese pecado.

Comenzó mi aventura. Había una historia épica de elfos, hobbits, y enanos, y la película resultó de una belleza inimaginable en su logro al recrear la historia original que estoy segura que la calavera de J.R. Tolkien, autor de la trilogía “El señor de los anillos”, sonreía con placer. Entonces llegué a pensar que si es posible una buena adaptación que respete la esencia de un libro.

Segunda etapa. Un relato que asume el olfato como el narrador. Una orgía en una plaza que se me hacía difícil imaginarlo llevada al cine, pero que magistralmente fue una poesía visual, para luego dejar un aire de decepción con la escena final, tan desligada de la crudeza de la novela, carente de ese aire de venganza animal que había en “El Perfume”, novela de Patrick Suskind. Pero salvo ese final, una muerte simple y escueta que no rozó siquiera lo fuerte de la descripción original, el resto de la película no tiene perdida y mantiene la idea del autor.

Tercer encuentro. Un escritor secuestrado y atormentado por una enfermera con desorden mental. Y para hacer notar el respeto que le tengo a esta novela “Misery” de Stephen King, traigo a colación un extracto que me parece que encierra la esencia de la historia y es, a mí parecer, una de las mejores descripciones que he leído en la literatura hasta el momento:

“El dolor latía en sus piernas y le apretaba el escroto como una argolla de acero. Se había palpado la zona y le parecía que la pelvis estaba intacta, aunque tenía una sensación extraña. De las rodillas para abajo, tenía la impresión de que estaba entero; pero no quería mirar. A través de la ropa de la cama podía ver las formas abultadas y retorcidas. Eso era suficiente.”

Apenas terminé con la novela me puse a ver la película. La decepción fue grande. Hubiese sido preferible torturarme nuevamente con Matrix 3 en el cine, llenando mi boca de cotufas como cerda de neuronas flojas. Lo único que me mantuvo firme en terminar de ver la película fue el trabajo actoral de Kathy Bates como la enfermera desquiciada Annie Wilkes. Del resto hubo detalles que más allá de omitirlo por factor tiempo, le restaron ese aire de terror psicológico que construyó Stephen King.

En primer lugar el autor parte con la descripción del asco que Annie producía en el escritor Paul, esto se olvidó, ni siquiera hubo un acercamiento a este detalle importante. Por otro lado, la enfermera no le partía los pies al escritor, le cortaba el izquierdo como amenaza. Y no creo que el factor desarrollo tecnológico (la película fue hecha en 1990) haya impedido hacer una especie de efecto, o dar a entender en una imagen al público lo que había hecho Annie. Luego, no fue un solo policía que estaba trabajando en la búsqueda del escritor desaparecido, sino que en la historia aparece un policía que está trabajando en la búsqueda de Paul, pero que fallece en manos de la enfermera desequilibrada, y luego aparecen dos buscando tanto al policía desaparecido como al escritor, en la película se limitaron a un solo sargento y con un suceso, entre otros detalles que cambiaron, restándole fuerza al trabajo de S. King.

Tras esta decepción, recientemente hubo algo que me cautivó. La novela “Orgullo y prejuicio” de Jean Austen, cuyo aire femenino relata los conflictos de las familias de clase alta de la Gran Bretaña del siglo XVII, sin duda llega al corazón de las mujeres, y con un uso inteligente del sarcasmo. Al toparme con la película pasó un fenómeno distinto, el movimiento de la cámara le dio otro aire a la historia, convirtiendo al film en un relato más interesante que la novela per se. Salvo el detalle, de que no sé porqué necedad lo alteraron, cuando Elizabeth se entera de la huida de su hermana al primero al que se lo informa es a Darcy, en cambio en la película mostraban a ella acompañada de sus tíos y de Dary en ese justo momento.

¿Directores necios?, ¿resta de detalles para ganar tiempo?, ¿falta de revisión de la historia original?, ¿ganas del director de vanagloriarse diciendo que esa fue su visión de la novela?, no sé, pero tal parece que mejorando o empeorando el relato original, casi nunca la película perseguirá la fidelidad del relato original. Seguiré viendo adaptaciones, si encuentro una que cambie el panorama lo informaré.

jueves, 3 de marzo de 2011

Femenino violento

Para los que creen que “violencia” es una palabra en el catálogo de antónimos con respecto a “femenino” les plantearé los siguientes casos: una madre que cae a nalgadas intensas o ramazos varios a sus hijos en plena calle, una mujer que pelea con otra agarrándose por los cabellos en la vía pública, se vea arrabalero o no, es un hecho con personajes femeninos.

La violencia no es un hecho que surja solamente del poder de “Marte”, también “Venus” pare violencia. Venus está plagada de defectos, si queremos verlo de esa manera.

Un amigo me dijo: es que tú tienes un lado masculino desarrollado. Tal vez esto me ha dado la oportunidad de casi entender el gusto de los hombres por películas violentas, no hablemos de acción, sino películas con signos de violencia, inclusive algunas novelas como el caso de “Tinta roja” de Alberto Fuguet.

Aclarado el punto de que no tengo escrúpulos en cuanto al asunto de la violencia y su expresión en el arte pasemos a hablar de algunas películas en este género:

1.- Pulp Fiction: Película con excelente guión, curiosa fotografía, tremendas actuaciones, buen manejo de los colores de acuerdo a la atmósfera que vivían sus personajes. En este caso la violencia era necesaria, pero estuvo magistralmente manejada. Como dicen, “ni tan calvo, ni con dos pelucas". Ni me la pongas tan suave que pierda credibilidad, ni tan intensa que entonces una quiera salirse del cine o darle stop a la película. Inclusive a mi madre que no le gusta estas cosas le fascinó el film de Quentin Tarantino.




2.- Réquiem para un sueño (Requiem for a dream): Desde que vi esta película me convertí en una fan enamorada de Darren Aronofky. Para los que no saben es el mismo director de la película “Black Swan”, mejor conocida como “Cisne negro”. Lo que puede parecer la historia aburrida de unos jóvenes adictos a las drogas y de una vieja enferma por la televisión y las dietas, se constituyó para mí en la forma más esplendida de edición y fotografía para plantear toda la trama. No fue solamente una historia de fracasados.




3.- La lista de Schindlerd: Cuando pienso en esta película me pregunto de qué otra manera se podía plantear lo absurdo de la visión Nazi y la Segunda Guerra Mundial. Violencia precisa y justificada. Una joya de Steven Spielberg.

4.- Historia americana X (American history X): Esta película de Tony Kaye es una de las mejores hechas y además con una historia tan fuerte cuya violencia se plantea necesaria para mostrar lo absurdo de las ideologías que impulsaban a sus personajes, sobre todo al protagonista, magistralmente representado por Edward Norton.

5.- Asesinos por naturaleza: Una historia que consistía en mostrar la hipocresía de muchos grupos de la sociedad, incluyendo la misma familia, y cómo esto afecta la visión de una pareja sobre su mundo exterior, a mi criterio, pudo haber sido más interesante si la estética de la película no estuviese tan manchada de imágenes que saturó la propuesta cinematográfica. Tantas caricaturas de fondo y el rompimiento excesivo con la naturalidad eliminaron de mí todo criterio positivo sobre esta película de Oliver Stone.

En conclusión, sí he visto películas duras y muchas de ellas me han gustado, inclusive desde mi esencia femenina.

viernes, 25 de febrero de 2011

Convertida en esponja

Contamos, 10, 9, 8, 7… y el ritmo baja a 3. Superando el estrés de una mudanza y unos cambios inesperados. No crean que comienzo de año significa poco trabajo en la oficina, absolutamente no. Y burlándome del tiempo logré leer “Rayuela”. Sólo les puedo decir que la próxima vez que la lea será a mi antojo, en la secuencia que se me ocurra, es que estoy segura que Julio Cortázar superó su propio capricho.

Mientras tanto, mi lector externo de DVD se porta demasiado bien, más fiel que perro callejero cuando le das comida. Ahora disfruto las películas de otra manera. No es lo mismo el ojo de una espectadora que busca divertimento a otra que ansía aprender a través del cine.

Recuerdo que un día mi amigo José Gregorio Maita me dijo que aprendió algo de narrativa a través de las películas. En su momento me pareció un sacrilegio esa afirmación. Le dije que bien podría servir para la construcción de diálogos, pero no para manejo de la narrativa. Ahora mi lengua debe dar un paso atrás porque entendí a qué se refería. Ya no tengo duda que cada película lleva una narrativa propia, cinematográfica, alejada mucho o poco de la literatura, pero narrativa en fin, un tiempo, inclusive una construcción muy similar al postulado aristotélico (Inicio, desarrollo, climax y desenlace).

Ahora me fijo con más ahínco en las actuaciones, obvio, estoy estudiando actuación, y también en la fotografía, creo no se puede hablar de cinematografía si la fotografía no lleva un diálogo en paralelo con el guión de la película, igualmente en los colores que predominan en el film, la edición, la construcción de los personajes y la historia.

Mi otra mala maña, incluso antes de comenzar a estudiar teatro, era que me tenía prohibido ver una película basada en una novela sin haber leído el texto original que le daba nacimiento al film. Aún sigo con esa premisa, salvo en dos oportunidades donde infringí mi propia ley. Creo que con el tiempo esta mala maña será reforzada.

Ustedes se preguntarán porqué hablo de cine cuando estudio teatro, pues bien, antes de nacer el cine ya el ser humano hacía teatro. La cosa comenzó, supuestamente, con unos hombres que jugaban a invocar a los dioses Sol, Luna y a la lluvia, entre otros fenómenos naturales convertidos en dioses, y de repente los griegos con su mente aguda le incluyeron texto a lo que ellos hacían como acto pagano.

Podría decirse que cuando nació el cine era una ramificación del teatro, y que con el desarrollo tecnológico ha tomado su propia personalidad. Inclusive hace dos décadas se comenzó a hablar de la inclusión del cine dentro del hecho teatral, es decir, introducir una gran pantalla con un vídeo en medio de una escena en teatro, claro está involucrado con lo que pasaba en la obra. Sin embargo, ese hecho tecnológico no ha divorciado del todo al teatro del cine en los siguientes aspectos: guión o libreto, actores, escenografía o escenario, iluminación, puesta en escena o fotografía.

Recuerdo que en una entrevista Fina Torres dijo que para hacer cine es vital conocer de fotografía, estoy totalmente de acuerdo con ella. El manejo de los encuadres, los ángulos, eso se aprende estudiando fotografía. En el mundo de los escritores existe la premisa que para escribir primero hay que leer, esto también aplica a los que se consideran guionistas. Y cuando hablamos de dirección aprendí que no basta conocer el manejo de la fotografía, lo que en teatro sería puesta en escena, debes también conocer la actuación, de primera mano, para poder considerarte un director o directora de actuación. Cosa compleja señores, esto que estoy aprendiendo es complejo, ¡pero divino!

Tal vez me tarde en volver a postear, la responsable de este blog anda de esponja.

viernes, 16 de julio de 2010

El cine venezolano del siglo XXI ¿Hacia una identidad cultural?

Si algo debo afirmar es que soy una amante del arte atrevido, del arte que no se censura con la noción de belleza sobre estética. Me encantó la película “Macu, la mujer del policía”, la gran taquillera venezolana, con su barrio, su violencia, y es que la propuesta visual de la película tenía una especie de hechizo, tal vez un trabajo de santeros para lograr audiencia.

Fui una adicta a "Por Estas Calles”, con apenas 11 años, una telenovela que con la vulgaridad de sus personajes mostró esa idiosincrasia de lo que somos. No nací en un barrio, ni me tocó vivir allí, pero no lo creo necesario para entender que Venezuela es un gran barrio, y no en el sentido peyorativo, sino en su construcción como sociedad, un pueblo que se niega a perder esa intimidad del compadrazgo, donde los tragos y la rumba es el cóctel que produce los lazos.

Hemos llegado a la primera década del siglo XXI, y somos testigos de lo que definen como la muerte de la telenovela venezolana. Hace tres décadas éramos el imperio productor y comercial de estos enlatados, donde se buscaba reproducir la identidad cultural latinoamericana. Se habla de la muerte de los actores, del desespero de algunos por usar el teatro como plataforma para mantenerse vivos y activos, unos despotrican del teatro comercial, otros son neutrales al respecto. Sale RCTV del aire, obviamente deja de producir telenovelas, y Venevisión al verse sin competencia baja la producción de dramáticos. Paralelo a este fenómeno, antes que cesara la señal del canal de Quinta Crespo, el público venezolano observó con buenos ojos la creación de la Villa del Cine por parte del gobierno. Desde esta villa han salido buenas producciones que a más de uno hace soñar sobre la posibilidad de un cine venezolano robustecido y constante.

El pasado 05 de julio fui a ver la película venezolana “Hermano” del cineasta venezolano Marcel Rasquin, quien con esta producción busca abrirse cancha en esta materia desde esta tierra del caribe. En las diferentes entrevistas que le han hecho afirma que, al igual que los protagonistas que soñaban con hacer fútbol en un país dominado por el béisbol, para él el cine representa una especie de tabla de surf donde quiere viajar para ganarle a las olas que se levantan en el mar. Si hablamos de la película sólo me corresponde decir: Vayan a verla, vean el cine venezolano.

Mi amigo que me acompañó me decía, “¿pero por qué carajo siempre el barrio, la pobreza, los malandros?”. A esto sólo tengo otra pregunta: ¿Qué es lo primero que ves cuando llegas a Caracas?

Claro, Caracas no es Venezuela, y es importante aclararlo, pero, ¿Qué es Venezuela actualmente?, me atrevo a decir que casi un 90% de pobreza. ¿Y si cuando llegabas a Caracas no veías los barrios?, pues ahora se hacen notar más porque están coloridos, mejor que un pesebre navideño, con manitos de pintura que ayudan a brindar la sensación que el ranchito no está tan feo. Hasta en los edificios de los que se denominan clase media hay malandros. ¿Cómo pasar por alto esta realidad donde la pobreza saca el lado animal del ser humano?

Eso fue “Hermano”, lo vi, lo sentí, y es que los barrios se configuran en la parte más alta de Caracas como para decir “Aquí estamos los pobres, existimos”, burlando toda estadística proveniente del Edén.

Así como vi con alegría una buena construcción de historia en “Hermano”, veo con mucha más alegría que este año el cine venezolano traiga un buen repertorio, con producciones de Fina Torres, Eduardo Barberena y Luis Alberto Lamata. Cuando salí del cine, ese 5 de julio, no sé por qué llegó a mi cabeza loca la conjetura de que tras la muerte de la telenovela venezolana sea entonces la cinematografía nacional la que dibuje la identidad cultural.

Luego leí el pasado martes 13 de julio, y aunque suene pavoso la fecha fue una noticia excelente para mí, sobre la alianza entre los canales de televisión Televen y RCTV, donde la primera transmitirá las producciones de la segunda incluyendo programas como “Radio Rochela”, “Quien quiere ser millonario” y las telenovelas. Veamos qué resulta de esta alianza, aunque desde ya para mí tiene todo el aire positivo, una luz para los artistas productores y para los soñadores de los culebrones.

Bueno, una siempre intenta dárselas de Nostradamus prediciendo ciertos hechos. Veamos qué tanta cualidad tenga como pitonisa con respecto a esto de la identidad cultural a partir del cine venezolano. Tal vez sea un disparate de mis neuronas y no cambie nada.

Por qué The Revenant no fue para el público venezolano

The Revenant comienza con hermosos paneos del paisaje frío e inhóspito donde se desarrolla la historia del film. Ahí está la chica en su ...