Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de noviembre de 2013

“Mi último suspiro” o la lección de Luis Buñuel


Desde hace tiempo que vengo indagando sobre el surrealismo, especialmente en la persona de Salvador Dalí, quien visual e históricamente es quien representa esta forma de arte. Pero dentro del surrealismo había muchos hombres que desde sus especialidades artísticas contribuyeron, como es el caso de Luis Buñuel desde el cine.

Encontrarme con el libro autobiográfico de Luis Buñuel, “Mi último suspiro”, fue más que emocionante. Hay aspectos de la vida de este hombre, del surrealismo, y de la España conflictuada en la guerra civil que uno ni se imaginaría.

Da la impresión que hablar del surrealismo es como una especie de subgrupo social de un interés artístico particular, y así fue, con la venia o no de la mayoría de sus integrantes.

Quién diría que en la segunda década del siglo XX se conocerían en una residencia de estudiantes tres jóvenes españoles que simplemente soñaban con el arte, hacían arte, y sudaban arte. Se trataba de Federico García Lorca, Salvador Dalí y Luis Buñuel. Quién se imaginaría que ese grupo sería trascendente para la historia de España y el mundo, que esa tierra que entraba en guerra civil estaba pariendo tres grandes cabezas. Y las parió.

Posteriormente fueron Dalí y Buñuel los que compartieron con el grupo surrealista en Francia, con André Breton a la cabeza. Vale recordar que Federico García Lorca fue fusilado muy joven antes de poder ver los grandes logros de sus amigos. Sin embargo, por cosas del egocentrismo que se da en el mundillo artístico serían muchísimos los impases este entre grupo y el insigne Dalí, inclusive Buñuel tuvo sus discusiones con él, pero eso no le quitaba el título de ser su amigo, tal vez por eso el cineasta lo toleró mucho.

“Mi último suspiro” es la revisión de los ideales de unos hombres de una época, de la pasión por defender en lo que se creía, esa búsqueda que tenía el ser humano de responderse muchas inquietudes alejados de los dogmas cristianos. A la luz de hoy puede verse como un idealismo de niños que jugaban a ser grandes, una especie de adolescentes revoltosos que buscaban llamar la atención, pero no, la intención del surrealismo era generar un sentido crítico de la humanidad, y no se equivocaron, o eso creo todavía.

Buñuel no sólo tuvo que batallar contra la crítica, es lo de menos, siempre habrá la crítica, y aquellos que no entienden el arte de vanguardia, sino que lo más difícil fue hacer cine fuera de su patria con escasos recursos. El gran Buñuel, el director de “Un perro andaluz” y “La edad de oro”, era un incomprendido por la crítica estadounidense. Si eso fuera poco, ese ímpetu artístico lo mezcló con el amor por su patria al participar como colaborador del embajador de la república española en Francia para conseguir armas o implementos que fueran necesarios para los rebeldes españoles.

Con apenas 29 años Buñuel había hecho su primer corto “Un perro andaluz”, ¿y qué he hecho yo a mis 32?, mejor ni lo pienso. Claro, es que él descendía de una familia pudiente, pero tampoco es que la cosa fue de maravilla para él. Vaya que la vida no es fácil, así vengas de una familia con buena base económica. Hacer cine en una época donde todavía este arte era mirado con recelo hay que verle la cara.

Buñuel publicó este libro en 1982, un año antes de morir. Y puedo asegurar que pese a sus inquietudes y miedos como cualquier ser mortal, se murió en paz y realizado. No cualquiera puede recordar en su lecho de muerte que tuvo una cena espectacular en Estados Unidos al lado de grandes cineastas como John Ford o Alfred Hitchcock, que tuvo como mentor por unos meses a Charlie Chaplin, y que pudo compartir una conversación con el cineasta que más admiraba que se trataba de Fritz Lang.

Espero poder decir en mi lecho de muerte que cené con Pedro Almodovar, Emir Kusturica y David Lynch.

Al final lo que más adoré de este personaje de la vida real es que era realmente humano, terrible, juguetón, creativo y entregado apasionadamente a sus ideales, sin descartar una revisión constante de sus pensamientos y proceder.

domingo, 15 de junio de 2008

¿Para qué es el arte? y cuestiones legales

El pasado viernes 13 de junio recibí un boletín de la página web Libros en Red. Lo curioso de la misiva electrónica era el debate que abría sobre el derecho de autor y el derecho que hay internacionalmente para el acceso a las obras de arte. A continuación lo remito al blog para que sea analizado, sobre todo para hacer un examen del motivo del arte y quienes tienen el derecho a disfrutar de las creaciones artísticas.


"¿Existe algo como un patrimonio de la humanidad, más allá de la denominación técnica que la Unesco aplica a determinadas áreas que desea proteger? Algunas autoridades oficiales de Egipto parecen creer que no. Si hay un patrimonio, un tesoro cultural o natural que destacar y resguardar, será de la nación que lo contenga en su territorio.
El Parlamento de Egipto fue instando por el Consejo Supremo de Antigüedades, hace unos meses, a avanzar con los trámites para aprobar una ley que prohibiera hacer réplicas exactamente iguales de cualquier antigüedad egipcia sin un permiso previo. Y como los derechos, en nuestra sociedad capitalista, implican haberes, quien decida llevar a cabo las reproducciones deberá pagar un gravamen.
Esta polémica ley afectaría a las célebres y multifotografiadas pirámides de Egipto, junto con otras decenas de obras y edificaciones, entre las que se cuentan la gran esfinge de Gizeh y la máscara de Tutankamón. También quedarían inhibidas las imágenes comerciales que se hagan de estos sitios u objetos, salvo que el uso sea estrictamente educativo. Los fondos recaudados con esta nueva ley irían a la conservación del patrimonio histórico de Egipto. La ley ha recibido objeciones, especialmente del exterior. Por un lado, porque son muchas las obras ya replicadas. Y, por el otro, porque se opone a los acuerdos internacionales sobre copyright, que sostienen que los derechos de autor expiran, pasado un cierto período de tiempo -generalmente determinada cantidad de años después de la muerte del autor-, y se convierten en dominio público. La filosofía subyacente a estos acuerdos es que todos deben poder disfrutar del arte (todos deben poder usar, citar, fotografiar, reversionar una obra de arte) una vez que las necesidades económicas del autor o artista, y las de sus herederos (por eso el plazo post mortem), hayan quedado en el pasado.
A usted, ¿qué le parece esta ley? ¿Encuentra sitios u obras en su país cuya reproducción le gustaría que fuera restringida de este modo? Pero sobre todo, ¿de quién es el arte? ¿A quién pertenece una obra artística una vez que su autor ya murió? Hay autores y artistas que son acérrimos defensores de los derechos de autoría, y hay también autores o artistas que lo único que desean es que su obra circule y sea apropiada por la mayor cantidad de gente posible (el poeta Raúl González Tuñón, por ejemplo, que aspiraba a que sus versos perdieran la asociación con su nombre y se convirtieran en anónimos, lo que para él equivalía a "universales"). ¿Con qué actitud empatiza más?"
Fin de la cita.

Por qué The Revenant no fue para el público venezolano

The Revenant comienza con hermosos paneos del paisaje frío e inhóspito donde se desarrolla la historia del film. Ahí está la chica en su ...