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lunes, 25 de febrero de 2013

Los ensayos sociales de José Saramago


José Saramago no es uno de los escritores que más curiosidad me haya engendrado, sin embargo, por alguna razón en la mesita cerca de mi cama, en la punta de la pila de libros estaba “Ensayo sobre la lucidez”, como esa clase de textos que en un momento compras y que sabes que tarde o temprano lo vas a leer.

Durante el 2012 se vivieron en el país dos sufragios, el primero fue el 07 de octubre que arrojó un histórico descenso en el ausentismo electoral, cifra que se fue de revés para las elecciones regionales del 16 de diciembre. Yo honestamente quería entender esos dos fenómenos, pero las explicaciones que le buscaba no encajaban en mi lógica personal. ¿Por qué la gente toma tan en serio esto de ir a votar, y otras por el contrario se hacen de la vista gorda dejando ese espacio hueco en los cómputos finales?

Sin duda cuando hablamos de votaciones, sufragio, elecciones, se asocia inmediatamente con un componente importante de cualquier estructura política que quiera ser denominada democracia; sin embargo, la democracia, como toda creación del ser humano, es un hecho imperfecto. “Ensayo sobre la lucidez” latía al final de mis libros con su ilustración del voto en blanco, y me dije, “voy pa’ allá”.

El problema es que el postulado de José Saramago comienza con “Ensayo sobre la ceguera” y luego continúa con “Ensayo sobre la lucidez” (Por favor no cometan mi error), pero no fue un impedimento para entender el sentido de las historias, ni ningún elemento que me quitara el factor sorpresa al saber cosas de la narración anterior.

Las narraciones de Saramago están plagadas de comas que parecen llover sobre el libro y que saturan las pausas al momento de leer las ideas de la historia. Este escritor portugués nos entregó con estas dos novelas una continuación de la literatura surrealista kafkiana con visiones sociales fatalistas donde el hombre por sí solo no tiene defensa ante el estamento social sino en unión con otros para defender los intereses del colectivo por encima de los individuales.

Las imágenes grotescas y la sátira fueron usadas por Saramago para mostrar de lo que es capaz del ser humano, quitándole así cualquier rasgo bondadoso, sino el más primitivo y puro lado animal que opera en el interior de cada uno.

Mientras en la primera novela los ciudadanos sorpresivamente se quedan ciegos y deben buscar la manera de organizarse para sobrevivir y anteponerse a las torpezas del gobierno, en la segunda es la acción de un colectivo el que desordena los planes del gobierno poniendo en jaque la necesidad de la democracia como forma política de orden, y la ambición de la gestión presidencial por aparentar control.

Saramago lanza una mirada maquiavélica sobre el estamento social, denuncia la actitud sumisa del hombre en torno al orden establecido, este escritor se vuelve un discípulo férreo de Freud al mostrar la cara más egoísta que pueden tener los seres humanos y del mismo modo los enaltece a partir de la más pura ingenuidad.

Al finalizar la lectura de las dos novelas da la impresión que para el escritor portugués el hombre sólo es capaz de salvarse a partir del amor y la solidaridad, así, como especie de visión romántica vestida de fatalidad, pero es justamente estos dos sentimientos los que permiten sobrevivir a los personajes en ambientes sumamente hostiles.

Posteriormente vi la adaptación para el cine de la novela “Ensayo sobre la ceguera”, denominada “Ceguera”, y sencillamente me quedo con la narración, la película está cargada de imágenes abstractas más allá de la visión apocalíptica-social del autor. Así que de antemano no hagan trampa queriendo reducir con dos horas la comprensión del universo Saramago.

martes, 11 de septiembre de 2012

“Un mundo feliz” o de cómo nos engañamos


Desde unos meses tengo la costumbre de hacer fichas con citas que voy tomando de los libros que leo. Le llegó el momento a la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, y desde la universidad nos la estaban recomendando, y la conseguí en oferta, cosa bien curiosa que el conocimiento y la sensibilidad se ponga en oferta, bueno, tal vez por aquello que se haga más accesible. Ojalá ese asunto se resolviera con una simple medida de mercado llamada oferta.

La novela no es fácil porque se pasea entre una especie de ciencia – ficción con algo existencialista, pareciera novela filosófica. En resumen, nos hallamos frente a un grupo de humanos que son fabricados en serie según un molde que predestina su ubicación social, con el argumento de que ello contribuye al equilibrio de la sociedad. Nos hallamos frente a sujetos que quedarán como obreros, otros como pensadores, otros como directores, pero con la salvedad que serán pocos los destinados a ser pensadores. Mientras tanto la promiscuidad forma parte de los valores y la familia como un antivalor, una especie de juego que busca evitar lazo afectivo.

Así hago mi primera ficha con la siguiente frase:

“… este es el secreto de la felicidad y la virtud: Amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento se dirige a lograr que la gente ame su inevitable destino social.”

Una entiende el sarcasmo, le da algo de risa, es un sarcasmo ligero que lanzó el escritor. Pero luego viene la segunda ficha:

“Herencia, fecha de fertilización, grupo de Bokanovsky al que pertenecía, todos estos detalles pasaban del tubo de ensayo al frasco. Sin anonimato ya, con sus nombres a través de una abertura de la pared, hacia la sala de predestinación social”

Y entonces en este punto vas entendiendo que hay muchos hechos que parecieran prefabricados, algo así como la predestinación que lanzan los dioses en las tragedias griegas, y la lucha del protagonista por ser alguien más que un simple títere del destino. Luego llega la tercera ficha:

“- Un sólo centímetro cúbico cura diez sentimientos melancólicos - dijo el predestinador ayudante, citando una frase de sabiduria hipnopédica.”

Lo confieso, en este punto llegué a pensar en el alcohol y todas las drogas, y en una especie de pensamiento nihilista una dice para sus adentros “¡Ay no vale!, este escritor se pone pacato”. Bueno, aquello de hablar del arte pacato o no, eso quedará para otro escrito, el punto es que la novela la empiezas a sentir como una cachetada a tus patrones, tus conceptos, lo que crees hermoso, lo que mirabas como supuesto equilibrio, o sandeces de rebelde sin causa.

Pero eso no es todo, luego el autor nos plantea la dicotomía entre el mundo civilizado y el mundo que consideramos primitivo, las tribus, etnias, sus costumbres, y entonces nos hallamos con un personaje que descubre el valor de las palabras como lo hizo John, el de la tribu.

“Las extrañas palabras penetraron como un rumor en su mente; como la voz del trueno; como los tambores supieran hablar; como los hombres que cantan el canto del maíz, tan hermoso que hacía llorar; como las palabras del viejo Mitsima sobre sus plumas, sus palos tallados y sus trozos de hueso y de piedra.”

Una de las cosas que también me animó a leer esta novela es la reflexión en el prólogo que lanza el escritor:

“Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad”

Aquí es cuando entiendes el poder de la verdad y lo grave del silencio. Que criticar unos paradigmas no es caer en moral vetusta y carente de evolución. A todas estas, nos hallamos con una novela que inteligentemente, más allá del mensaje, mezcla con frescura los textos descriptivos y los diálogos, donde además el autor hace gala del sarcasmo, la burla, nos muestra los vicios del poder y hace una invitación a que el ser humano descubra la fortaleza de su individualidad.

viernes, 18 de mayo de 2012

“Carta a un niño que nunca nació”: otra maternidad


Hablar de la maternidad sin el sentido místico al que le han impregnado es difícil y puede parecer creación de un ser hereje. Sin embargo, la maternidad debe navegar en el día a día, en los hechos cotidianos, en la ruptura de un estado “normal” a un estado “especial”, porque tampoco corresponde con el estado de una mujer “enferma”.

En 1975 Oriana Fallaci sorprende al mundo literario con su novela “Carta a un niño que nunca nació”, donde da la bienvenida al lector o lectora con las siguientes palabras: 

 
A quien no teme la duda
A quien se pregunta los porqué
Sin descanso y a costa
De sufrir de morir
A quien se plantea el dilema
De dar la vida o negarla
Está dedicado este libro
de una mujer
para todas las mujeres


Desde las primeras líneas se lee el amor obligado de una mujer por un niño que no esperaba tener. Una situación que no se comprende, una transformación inevitable, el rechazo indirecto y las consecuencias posteriores.

La novela es desgarradora en su verbo, intensa, humana, tampoco cae en la diatriba atea para dar respuesta a las inquietudes, pero si pone en la mesa de las discusiones los prejuicios sociales y religiosos con respecto a la maternidad.

Algunos prejuicios han sido superados. Pero en la piel aún se siente parte de ese trajinar de la mujer en su autodefinición, que incluso supere al concepto de la maternidad como arquetipo.

La protagonista de la novela queda embarazada sin esperarlo, sin planificarlo. Es una mujer que no está casada, y tampoco tiene una relación estable. Debe lidiar además con la estructura social que no tenía espacio para la madre soltera, así como el constructo dogmático de la religión católica que dominan. Del mismo modo debe sobreponerse al dolor de ser rechazada por el hombre que sería el padre de la criatura, y luego tener claro el verdadero concepto del perdón sin caer en ambigüedades de criterio que pudieran humillar a su ser.

“Anoche supe que existías: una gota de vida que se escapó de la nada”. Esta frase con que comienza describe el núcleo de la historia. Hay una nada, la teoría del vacío, y un ente que llega inesperadamente. Esa “noche” es el momento donde siempre se conjuga el amor carnal, la oscuridad, la mujer que tiene una relación sexual antes del matrimonio. Y, a la vez, es aquella que busca algo de vida, la gota de vida, en el compartir con el hombre. Es el autodefinirse como mujer estando con el compañero, ya que sin él es difícil mirarse como partícipe de la sociedad, y luego volverse a mirar con la capacidad de estar sin él.

Posee un ritmo propio de la genialidad e intelectualidad de Oriana Fallaci. Un ritmo bastante ágil, tierno y a la vez mordaz. Por eso la recomiendo, por la mezcla de sentimientos del personaje principal que se plasma en letras, y permite con ella deslastrarnos de nuestros propios prejuicios.

martes, 8 de mayo de 2012

“El Planeta de los Simios”: Fábula del miedo



“El Planeta de los Simios” de Pierre Boulle es el libro que dio origen a la fantástica saga cinematográfica que inició  Franklin J. Schaffner. Una novela con una narrativa sencilla, pero que sin duda su mayor peso radica en la historia.

Un periodista acompaña a una comisión de científicos a un viaje para explorar otro planeta, en otra constelación. Se trata del planeta Soror, en el sistema de Beltegeuse. Al llegar al destino descubre una zona que no sólo es habitable, sino también que es dominada por simios, quienes constituyen la civilización inteligente y con un lenguaje desarrollado, y que a diferencia de la Tierra, en esta los humanos son los animales que carecen de razonamiento.

En la novela Pierre Boulle desarrolla una aguda crítica al sentimiento de superioridad de los seres humanos, sumiendo al personaje principal en constantes momentos de zozobra al verse vulnerable en mano de los simios, ya que estos últimos desarrollan experimentos y estudios con los humanos.

Por tratarse de una traducción muchas veces el ritmo original de la narrativa se pierde. Sin embargo, este libro tiene a su favor que hace juegos entre la fantasía y la realidad que envuelve el interés del lector.

Al hacer uso de la imaginación el lector podrá percibir la angustia que vive el periodista. Es un paseo que a veces parece sencillo, sutil, otras tanta produce agobio, miedo. Es entrar en materia de la autocrítica a la especie a la cual uno mismo pertenece. La narrativa hace posible entrar en la piel del dominado, llegando a un nivel de subyugación que rompe con la paz interna.

¿Y si no fuéramos seres humanos sino cucarachas pisadas, o ratones que pronto moriríamos en un laboratorio?, ¿es la inteligencia argumento de peso para dominar sobre otros?

No prometo un estilo narrativo de vanguardia, pero sí una novela para analizar al final de su lectura.

miércoles, 2 de mayo de 2012

“Tan fuerte, tan cerca”: Lo que estuvo y ya no está


Al leer “Tan fuerte, tan cerca” de Jonathan Safran Foer bien pudiera pensarse que las vanguardias no se han extinguido en el arte, específicamente en la literatura.

Por medio de este relato Safran le da vida a un niño de nueve años, Oskar Schell, quien pierde a su padre en la tragedia del 11 de Septiembre en el World Trade Center, en Nueva York.

La novela discurre entre una inocencia rota ante la tragedia, una genialidad precoz y la nostalgia de un pasado que se encuentra con el presente, mientras la vista del lector recibe descanso entre páginas de frases breves y algunas fotografías, que son precisamente las fotos que va tomando Oskar Schell gracias a la cámara que dejó el abuelo.

Esta novela tiene a su favor que engancha en sus primeras páginas, tiene una agilidad y ternura que te absorbe en sus primera 100 páginas, pero cae después cuando plantea a Oskar, un niño de nueve años, dando respuestas como joven maduro y no correspondientes a su edad, pese a que quiera indicarse que es un niño de una inteligencia precoz. A veces muestra su mirada inocente y en otras no lo es tanto, por lo cual puede parecer ambiguo en su personalidad.

Posteriormente la palabra la toma su abuela, como narradora de todo aquello que vivió: la Segunda Guerra Mundial, el bombardeo sobre Dresden y la huída a Estados Unidos. De igual manera toma la palabra el abuelo de Oskar como otro de los testigos de los cambios en el mundo y de su miedo a los cambios, con la particularidad de que este personaje es mudo y sólo puede expresarse a través de escritos que va llevando en su libreta, lo cual hace enternecedora y profunda la historia.

El nudo principal de la novela radica en que Oskar consigue en un jarro, en el cuarto de su papá, una llave particular y cree que al conseguir la cerradura que abre esa llave hallará un mensaje de parte de su padre. Para él más que una aventura era sin duda una necesidad emocional de hallar una respuesta.

Aquí nos encontramos con un relato cuyos temas principales son el perdón, el amor y la muerte. El perdón de la abuela al abuelo, y de igual manera el amor que ella sentía por él, el perdón de Oskar al destino por haber perdido a su padre de manera tan abrupta ya que el responsable de todo ello no estaba muy claro, porque ¿cómo un niño de nueve años puede entender toda la historia de ese odio entre occidente y oriente?, ¿qué tenía que ver su padre en todo ello para luego morir de manera salvaje?, pero entonces surge la muerte como un hecho inminente de todos los seres vivos.

La genialidad de Jonathan Safran Foer es haberle dado un matiz humano a un hecho de la historia que fractura la visión de la globalización.

Los dejo con esta cita de Oskar Schell:

“El ser humano es el único animal que se ruboriza, ríe, tiene religión, declara la guerra y besa con los labios. Así que, en cierto sentido, cuanto más besa uno más humano es”

lunes, 30 de enero de 2012

La literatura debe tener vida o de cómo entender la voz femenina

La literatura no es sólo la técnica perfecta de la escritura. Para que un escrito pueda definirse como literatura debe tener vida. Aquí me voy inmediatamente al ejemplo más claro y reciente “Black Swan” (Cisne Negro), donde la bailarina protagonista debía superar su tecnicismo y aplicarle más pasión a su baile.

Para que el arte pueda ser arte debe tener una carga emotiva, la necesaria para llevar al espectador a la sensibilidad que desea el creador(a) o autor(a). No se trata de una creación bajo alienación, sino de conectar al espectador o lector con la interioridad de la obra.

Puedo poner ejemplos de excelentes escritos, pero los cuales carecen de vida propia, esa pasión que deben y necesitan vivir los personajes: “Crónica de una muerte anunciada”, de Gabriel García Márquez, es el ejemplo que se me viene a la memoria enseguida, aunque parezca descabellado de mi parte este es mi planteamiento.

Asumo casi una postura Aristotélica, donde el objetivo de la tragedia debe suscitar emociones en el espectador tan fuertes al punto de llevarlo a un estado de catarsis, algo similar a la compasión que puede sentir por los personajes. Dicho planteamiento, me atrevo a afirmar, debería ser el alma y sentido del resto de los géneros, tanto de la comedia como de la tragicomedia.

Todo estos párrafos de introducción para explicar el sentido de mi defensa a favor de “Ifigenia” de Teresa de la Parra, la cual considero una excelsa obra de la literatura hispanoamericana para el mundo.

Se han creado cartillas donde parece inadmisible la voz de la mujer, etiquetando ciertas emociones de “rosadas”, “exageradas”, “niñerías”, “superfluas”, emociones que inevitablemente ocurre a ese grupo de la sociedad, y resulta que lo que interesa y preocupa al universo femenino no es el mismo conflicto que plantea el universo masculino, por lo cual, no se puede juzgar una obra a partir de las emociones que la hembra protagonista exponga como su conflicto.

Porque si vamos al caso, a mí no me interesa el punto de la virilidad masculina y su conflicto del auto-conocimiento más allá de la presión social que pueda sentir el hombre, entonces, si partimos del prejuicio que aún en esta década existe, es importante acotar que la mujer no entra en disyuntivas internas sobre su poder físico, o si tiene la posibilidad de adquirir una agilidad monstruosa para manejar un arma de fuego (a menos que se desempeñe como militar o policía), pero son aspectos que forman parte de la fantasía e intereses masculinos, y no de la mujer como ente actuante en la sociedad.

Si Gustave Flaubert logró un éxito al desarrollar un personaje femenino polémico y complejo como Madame Bovary, ¿por qué usar la palabra cursi cuando mujeres escriben novelas explayando historias de atmósferas muy femeninas y que se circunscribe a sus mundos?, ¿acaso sus congéneres no tienen derecho a conseguir en el mercado literario o artístico productos con los que pueda identificarse?

Veo en mi país a madres solteras insatisfechas por la irresponsabilidad masculina, veo el silencio canalla que aplaude los prejuicios, veo un mercado peligroso de embarazos precoces, y un país de política todavía hombruna, ¿acaso es innecesario hablar sobre eso?

martes, 16 de agosto de 2011

Cine y literatura oscura

Conocí a David Fincher con “El curioso caso de Benjamín Button”, una película con una historia bien narrada, hermosa, diferente, fotografía impecable, pero sin lograr que mis neuronas se detuviera a decodificar cada imagen. Sin embargo, no era su primer trabajo y los anteriores no los había visto.

Tuve la oportunidad de adquirir el libro “El Club de la Lucha” de Chuck Palahniuk, relato breve cuyas páginas iban incrementando en la dosis de anarquía, amargura, desengaño y rebeldía. Por qué negarlo, me sirvió de catarsis, no siempre todo marcha bien.

La novela ofrece un excelente humor negro en medio de las desavenencias en la vida del protagonista y su transformación al conocer a Tyler Durden. Las peleas clandestinas se convierten en su mejor válvula de escape, a la par que descubre lo más oscuro de la naturaleza humana, incluso de sí mismo.

“El Club de la Lucha”, la novela original, ofrece descripciones impecables, sencillas, precisas y ágiles, un ejemplo de verdadera vanguardia literaria, haciendo gala Chuck Palahniuk de una alta dosis de sarcasmo e imágenes escatológicas.

Palahniuk viola cualquier estamento literario para atreverse construir párrafos con sólo una línea, constituido por dos o tres palabras, entonces vale preguntarse ¿qué es un párrafo?

Debo afirmar que me dejó gratamente sorprendida el trabajo de David Fincher en su adaptación al cine, tomó la esencia y elementos importantes de la novela, valiéndose de una estética dinámica y oscura para mostrar a los tres personajes principales.

A continuación comparto con ustedes las citas que fui atrapando del libro mientras el personaje de Tyler Durden ofrece una cátedra de anarquía postmoderna:

  • "¿Qué sería de Jesús si nadie hubiera escrito los evangelios?"
  • "... Entre unas tetas flamantes y sudorosas que pendían tan gigantes como concebimos la grandeza de Dios"
  • "Tanto se ha hundido el fruto viejo y magullado de mi rostro que pensarías que estoy muerto"
  • "El portero se sonó la nariz y algo cayó en el pañuelo con la solidez de una pelota de béisbol"
  • "Tal vez la autosuperación no sea la respuesta... Tal vez la autodestrucción sea la respuesta"
  • "Los animales no están hechos para llegar a viejos"
  • "Sus dientes son sólo fragmentos de hueso que sobresalen de la piel con el objeto de triturar alimentos"
  • "El desastre es una parte natural de mi evolución hacia la tragedia y la disolución - susurraba Tyler"
  • "Y hundo las tres muelas entre el pelo y la mierda y los huesos y la sangre, para que Marla no pueda verlas"
  • "Antes de que se acabe la civilización tendré que aprender a leer las estrellas y a orientarme por ellas"
  • "Y vuelo lentamente por la puerta hacia la noche con las estrellas allá en lo alto y el aire frío"
  • "Esculpiría las estatuas de Fidias del Partenón con una Almádena y me limpiaría el culo con la Mona Lisa"
  • "Soy una muestra seca de tejido sanguinolento sobre el colchón desnudo de mi habitación"
  • "Todo en el cielo es silencioso, como unos zapatos con suela de goma"

Y después de todo ese barril de desconcierto y desahogo, en medio de una confusión de identidad, Palahniuk le da conclusión a su novela con la siguiente frase, y es el mejor resumen:
  • "Vamos a acabar con la civilización para hacer del mundo algo mejor"
A continuación el derrumbe de unos edificios, del poderío comercial. Así cierra la película.

lunes, 2 de mayo de 2011

Cine y literatura, ¿un matrimonio disfuncional?

En un post anterior mencioné que el cine en sus comienzos se alimentó del teatro, y este último es también literatura. Saltaré el punto de la discusión del nexo entre el libreto teatral y la literatura, para entonces dar paso a otro alimento del cine, las bellas letras, la literatura.

A estas alturas han sido muchas las novelas y relatos llevados a la gran pantalla, de diferentes latitudes, y esto seguirá ocurriendo. Pero lo que me inquieta es determinar cuándo se trata de una buena adaptación y cuándo no. ¿Hay acaso una regla para llevar a cabo este proceso?

La frase más común entre los espectadores es “Nunca una película igualará a la emoción de un libro”, y entonces nos limitamos a creer que el cine nunca recreará, aunque sea el 80 por ciento, la imaginación del lector, o inclusive superarla. Sin embargo, todavía los jóvenes de bachillerato cuando les mandan a leer “La casa de los espíritus” prefieren ver la película, y no con orgullo debo confesar que cometí ese pecado.

Comenzó mi aventura. Había una historia épica de elfos, hobbits, y enanos, y la película resultó de una belleza inimaginable en su logro al recrear la historia original que estoy segura que la calavera de J.R. Tolkien, autor de la trilogía “El señor de los anillos”, sonreía con placer. Entonces llegué a pensar que si es posible una buena adaptación que respete la esencia de un libro.

Segunda etapa. Un relato que asume el olfato como el narrador. Una orgía en una plaza que se me hacía difícil imaginarlo llevada al cine, pero que magistralmente fue una poesía visual, para luego dejar un aire de decepción con la escena final, tan desligada de la crudeza de la novela, carente de ese aire de venganza animal que había en “El Perfume”, novela de Patrick Suskind. Pero salvo ese final, una muerte simple y escueta que no rozó siquiera lo fuerte de la descripción original, el resto de la película no tiene perdida y mantiene la idea del autor.

Tercer encuentro. Un escritor secuestrado y atormentado por una enfermera con desorden mental. Y para hacer notar el respeto que le tengo a esta novela “Misery” de Stephen King, traigo a colación un extracto que me parece que encierra la esencia de la historia y es, a mí parecer, una de las mejores descripciones que he leído en la literatura hasta el momento:

“El dolor latía en sus piernas y le apretaba el escroto como una argolla de acero. Se había palpado la zona y le parecía que la pelvis estaba intacta, aunque tenía una sensación extraña. De las rodillas para abajo, tenía la impresión de que estaba entero; pero no quería mirar. A través de la ropa de la cama podía ver las formas abultadas y retorcidas. Eso era suficiente.”

Apenas terminé con la novela me puse a ver la película. La decepción fue grande. Hubiese sido preferible torturarme nuevamente con Matrix 3 en el cine, llenando mi boca de cotufas como cerda de neuronas flojas. Lo único que me mantuvo firme en terminar de ver la película fue el trabajo actoral de Kathy Bates como la enfermera desquiciada Annie Wilkes. Del resto hubo detalles que más allá de omitirlo por factor tiempo, le restaron ese aire de terror psicológico que construyó Stephen King.

En primer lugar el autor parte con la descripción del asco que Annie producía en el escritor Paul, esto se olvidó, ni siquiera hubo un acercamiento a este detalle importante. Por otro lado, la enfermera no le partía los pies al escritor, le cortaba el izquierdo como amenaza. Y no creo que el factor desarrollo tecnológico (la película fue hecha en 1990) haya impedido hacer una especie de efecto, o dar a entender en una imagen al público lo que había hecho Annie. Luego, no fue un solo policía que estaba trabajando en la búsqueda del escritor desaparecido, sino que en la historia aparece un policía que está trabajando en la búsqueda de Paul, pero que fallece en manos de la enfermera desequilibrada, y luego aparecen dos buscando tanto al policía desaparecido como al escritor, en la película se limitaron a un solo sargento y con un suceso, entre otros detalles que cambiaron, restándole fuerza al trabajo de S. King.

Tras esta decepción, recientemente hubo algo que me cautivó. La novela “Orgullo y prejuicio” de Jean Austen, cuyo aire femenino relata los conflictos de las familias de clase alta de la Gran Bretaña del siglo XVII, sin duda llega al corazón de las mujeres, y con un uso inteligente del sarcasmo. Al toparme con la película pasó un fenómeno distinto, el movimiento de la cámara le dio otro aire a la historia, convirtiendo al film en un relato más interesante que la novela per se. Salvo el detalle, de que no sé porqué necedad lo alteraron, cuando Elizabeth se entera de la huida de su hermana al primero al que se lo informa es a Darcy, en cambio en la película mostraban a ella acompañada de sus tíos y de Dary en ese justo momento.

¿Directores necios?, ¿resta de detalles para ganar tiempo?, ¿falta de revisión de la historia original?, ¿ganas del director de vanagloriarse diciendo que esa fue su visión de la novela?, no sé, pero tal parece que mejorando o empeorando el relato original, casi nunca la película perseguirá la fidelidad del relato original. Seguiré viendo adaptaciones, si encuentro una que cambie el panorama lo informaré.

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