miércoles, 7 de noviembre de 2012

EEUU y Francia: esa eterna rivalidad cultural


Con motivo de ver la película francesa “Intocable”, cuyo título original es “Intouchables” pero traída al mercado venezolano con el nombre de “Amigos para siempre”, sencillamente resumo mi experiencia de que se trata de otra clase de film, lo que amo, el dinamismo, la oda la vida.

Pero este asunto de hacer arte es más egoísta que macho alfa negando comida al resto de la manada. Varios críticos expresaron que la construcción del film era esencialmente hollywoodense.

Olivier Nakache y Eric Toledano hacen una dupla interesante al escribir y dirigir a dos manos la película “Intocable”, cuya historia es resumida así: Philippe, un aristócrata que se ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente de parapente, contrata como cuidador a domicilio a Driss, un inmigrante de un barrio marginal recién salido de la cárcel. Aunque, a primera vista, no parece la persona más indicada, los dos acaban logrando que convivan Vivaldi y Earth Wind and Fire, la elocuencia y la hilaridad, los trajes de etiqueta y el chándal. Dos mundos enfrentados que, poco a poco, congenian hasta forjar una amistad tan disparatada, divertida y sólida como inesperada, una relación única en su especie de la que saltan chispas. (FILMAFFINITY)

Dicha película, basada en una historia real, es obvio que traiga consigo una cierta exageración de lo real, ese veneno delicioso que trae todo arte, en este caso el séptimo arte. Para que vean que no exagero aquí dejo algunas de las expresiones de los críticos.

"Una película para público de multisalas, ávido de mensajes edificantes" (Sergi Sánchez: Diario La Razón)

"Oda al público medio. (...) Hollywood no podrá hacer una nueva versión de 'Intocable'. Mentira, la hará, pero será imposible hollywoodearla más" (Javier Ocaña: Diario El País)

Y yo me pregunto, ¿es que acaso todo el cine que ha hecho Estados Unidos es tan basura para desecharlo?, ¿acaso el cine francés posee eternamente la etiqueta de ser perfecto por haber sido la génesis?. En todo caso lo que se debería revisar es tanto el uso de los avances tecnológicos como las historias desarrolladas. Lo que es innegable es que al toparse con una película como esta uno sale revitalizado, amando la vida, entendiendo que las diferencias no nos separan sino que nos hacen particulares, que esas diferencias son para disfrutarlas, que la compasión no es suficiente, que la gallardía está allí como el recurso para ser feliz. Total, ¡la vida es una sola!

De mi parte puedo decir que la historia de este film está sabrosa, los personajes magistralmente construidos para amarlos y comprenderlos, que nos muestra la maestría actoral de François Cluzet como el millonario cuadrapléjico y Omar Sy como el inmigrante asistente. A fin de cuentas, ¿qué buscan en una película?, eso es lo que define las preferencias del público y los diferencia. Si lo que quieres es reír y salir con un sabor divino en el alma entonces para ti es este film francés.

jueves, 18 de octubre de 2012

Lecturas diversas de un país


¿Qué es el hábito de lectura?, bueno es lo que acostumbra a hacer una persona sedentaria, floja físicamente, echarse en cualquier rincón con un libro a pasar horas hojeando las páginas, así sea en una esquina maloliente con punketos y borrachos, o acompañado del violín que suena en los vagones del metro. Afortunadamente mi sentido del olfato viene con falla de fabricación.

A todas estas, si nos vamos al sentido práctico de la ganancia inmediata eso de poseer un hábito de lectura pues no se ve. Es decir, un ser común y corriente le parece una loquera y sinvergüenzura esa cosa de echarse a leer. ¿Para qué?, eso es una gastadera de dinero y de tiempo.

Resulta que muchos de esos ociosos lectores sendentarios, y sin vida social, escribieron. Sí, resulta que muchos de ellos se convirtieron en escritores de buena pluma, con mucha o suficiente fama, pero ahí dejaron sus pensamientos. Ajá, y lo más interesante de todo esto es que algunos de ellos no fueron de otros países, sino de la misma tierra donde te pegó el olor a arepa asada, o a ese fogón donde se cocinaba un cruzado, o quizá ese olor amargo cuando se prepara el casabe.

Sin embargo, y esto hay que tenerlo presente, primero, la génesis de todo este meollo del pensar fue en la Grecia antigua, sí, porque otra cuerda de ociosos les dio por pensar, y crearon aquello de la filosofía. Definitivamente una gente sin oficio. Hasta llego a creer que la mayoría de los griegos eran una cuerda de burgueses que mataban el ocio conversando en la plaza, y pensando de que si primero fue Dios o el hombre, mientras los esclavos trabajaban para ellos. ¿Será entonces que los que trabajamos no tenemos tiempo para leer y pensar?, tal vez ahí está la respuesta de toda mi angustia.

Pero como decía, y voy a intentar explicarme con más claridad, después de esa génesis de la filosofía de la antigua Grecia afortunadamente surgieron los trágicos griegos, es decir, la dramaturgia, la semilla de la literatura, y después de ahí, todo lo poco o mucho que conocemos del fenómeno de escribir. Libros de ciencia ficción, de investigación, poesía, etc, hasta los de autoayuda que los podemos ver desde hace unas décadas.

Hay otros señores que le dan demasiada importancia a eso de la lectura. Voy a citarlos. Por lo menos el escritor argentino Mempo Giardinelli asegura que en su país el índice de lectura es muy bajo, que ni los empresarios ni los líderes sindicales tienen ese hábito. Cosa grave pues. “En nuestro país nadie lee. Ni los docentes, ni los gobernates, ni los economistas, ni los sindicalistas, ni los empresarios”, cita textual. Cónchale chico, pero no creo que la cosa sea tan negra así como la pintas. Tal vez coincido contigo cuando dices “La vulgarización televisiva, que es uno de los mayores obstáculos para la lectura, viene alentada desde la estupidez de la dictadura”. Bueno, creo que me estás lanzando unas luces. Puede ser. Entonces me explicaría muchas cosas.

Luego sale el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipotvetsky y dice así, como que si él fuera la eminencia en este siglo XXI, que la cultura pasó de ser subversiva a convertirse en un hecho comercial. Pero bueno, ¿es que acaso los artistas no tienen derecho a comer?, ¿de dónde crees que alimentan a su familia?, ellos también tienen derecho. Entonces el tipo, de manera tajante, explaya su idea así “El modelo del artista rebelde que rechaza las normas del mundo burgués pertenece al pasado, el arte ha pasado de ser subversivo a un arte comercial”. No señor, no estoy de acuerdo contigo, ¿cómo vas a pensar que Wisin y Yandel no son unos rebeldes, ¿tú no les ha visto los lentes oscuros y el blin blin?, eso es símbolo de una rebeldía. No le pares a esos de los carros deportivos y las modelos varias que aparecen en sus vídeos. Esos hombres, jamás, tienen los mismos deseos que un burgués.

Si la cosa fuera poca entonces aparece Václav Havel y nos dice que “sin memoria histórica no hay identidad”. ¿No sabes quién es Havel?, pues dramaturgo y teatrista que luego le tocó asumir el rol como presidente de la República Checa en dos periodos. Ajá, y entonces resulta que si yo no sé con cuántos hombres combatió Simón Bolívar en la Batalla de Carabobo acontece que no tengo identidad cultural, explícate mejor chico, porque por lo menos estoy segura que el caballo de Simón Bolívar era blanco, o eso dicen, tú sabes, es que hasta los hechos históricos y culturales se preservan en una especie de oralidad ingenua.

Lo que pasa es que estos hombres son unos ociosos de la lectura, sedentarios, fofos, de esos aburridos que no bailan en una fiesta, es decir, no son el tipo ideal para muchas. Pero bueno, en este país también existieron y existen hombres así, y para entender esta perorata de la identidad cultural pues voy a dejar una lista de los libros que creo todo venezolano y venezolana debería leer, porque yo sí creo que es vital, urgente, una identidad cultural que nos una:

- “Mensaje sin destino” de Mario Briceño Iragorry
- “Autoestima del venezolano” del Manuel Barroso
- “Doña Bárbara” de Rómulo Gallegos
- “Boves, el urogallo” de Francisco Herrera Luque
- Cualquier artículo de opinión u obra de teatro de José Ignacio Cabrujas

Y espero luego hacer otro post con una lista más grande.

miércoles, 10 de octubre de 2012

El destino de una nación y el rol de sus ciudadanos


El hombre tiene dos caminos para actuar: nada junto al destino, o mueve con fuerza sus brazos y piernas para sobreponerse a él. La coyuntura de los contextos culturales y sociales no debería limitar los sueños y oportunidades de cada uno de los seres humanos que compartimos este planeta, o una porción de tierra llamada nación.

Lamentablemente en América, específicamente Latinoamérica, la imagen vendida dentro y fuera es de pobreza. Imagen que se refuerza desde los medios de comunicación masivos, la industria cultural como el cine, se instala el uso de marcas como formas de distinguir las clases sociales, patrones culturales más de masas que de identidad propia de los pueblos.

En ese espacio, el hombre honestamente no toma un respiro, momentos de soledad, para meditar y reflexionar sobre su rol. Es meramente un títere del destino, títere de los juegos de los políticos y títere del poder económico, se siente obligado a consumir para sentirse parte de cierto grupo social.

El problema de la discriminación es tanto su factor interno como externo, pues su efecto desde el exterior es nocivo, pero más pernicioso es cuando se instala en el interior del individuo, cuando le da cabida a percepciones erradas sobre su persona, cuando desconoce de su verdadero ser, por eso es tan importante y vigente las palabras del Oráculo de Delfos que vio Sócrates “Conócete a ti mismo”.

¿Te dicen niche?, ¿te consideras un niche?, ¿te consideras un sifrino?, ¿crees que eres un resentido?, ¿te consideras alguien de mal gusto?, ¿te han dicho tuky?, y así podría sacar una serie de adjetivos que parecen divertidos pero demuestran nuestro lado prejuicioso e intolerante.

Es comprensible, tal como explica Maslow, que una de las necesidades del ser humano es el sentido de pertenencia, estar en un grupo social y ser aceptado allí, es en esa situación donde fortalece su autoestima, su amor propio, por ende en sentido contrario sería una persona con el autoestima tambaleante, y eso explica el hecho de buscar perennemente pertenecer a un grupo o subgrupo social, y a partir de ahí definir o fortalecer el patrón de su personalidad.

Ok. Toda esta cháchara para contar lo que me pasó recientemente. Discutiendo en la oficina el asunto político y social que vive en la actualidad en el país previo y después de las elecciones, mis conclusiones, bien personales y tajantes, es que más allá del asunto económico, hay un aspecto cultural y emocional enraizado, ya sea de manera positiva o negativa, según como se vea.

Yo explicaba que muchos políticos se valen de la pobreza para manipular al electorado. Pobreza que no es sólo económica sino cultural, el desconocer la historia, los hechos previos, para no tropezar con la misma piedra, así de simple, sin embargo, ese mismo pueblo, vanagloriado y a la vez burlado, al desconocer su historia es víctima de recaer.

Creo con firmeza y pasión que para destronar la pobreza cultural uno de los mecanismos importantes e indiscutibles es incentivar en el pueblo el hábito de la lectura. No obstante, aprendí que tanto al poder económico como político no le interesa que el pueblo sea culto, que lea, que no sea un títere por su ignorancia. Entonces la responsabilidad queda en manos de cada quien.

Luego de la discusión la respuesta fue: “Nadie está obligado a leer como tú Karla, no me puedes obligar a crear un hábito de lectura que no tengo, esa eres tú que te gusta”. Y recapacitando esta respuesta caigo en locha que sin duda soy una extraña en mi país, un bicho raro, una extranjera en mi patria, y sé que como yo muchos tienen la misma sensación. Que hasta la ignorancia es una elección de vida.

Me podrán decir sedentaria. En realidad no soy amante de las actividades deportivas. Y no me voy a justificar, que si el costo de los gimnasios, que si la inseguridad en la calle. Siempre he sido promotora de la frase “Querer es poder”, así que debo ser congruente con mi discurso. Pero sin duda, más daño le hace al país un pueblo ignorante que un pueblo sedentario. Los ciudadanos son los que hacen en su conglomerado y mayoría el destino de una nación.

De mi madre aprendí que si no yo hacía nada por mi destino más nadie lo iba a hacer. Ella no sólo sembró en mí la semilla del hábito de la lectura sino que formó en mí un sistema de superación a pesar de la circunstancias. Mi conclusión es que cada quien es responsable de su destino, de lo que conoce y desconoce, de sus éxitos y fracasos, de sus alegrías y tristeza, del charco sobre el que camina o las flores que acompañan su camino. Yo seguiré trabajando por lograr mis sueños, burlando los obstáculos, desarrollándome en lo intelectual y emocional, y diré como el chapulín ¡Síganme los buenos!

martes, 2 de octubre de 2012

Están todos bien: ver la belleza de la vejez



Tratar el tema de la vejez puede parecer tierno para cualquier escritor o cineasta. Es una etapa de la vida que brinda muchas aristas para cualquier artista. Sin embargo, la belleza, ternura y soledad que lo acompaña se dibujan como trampas asesinas que pueden devorar la creatividad de cualquier inocente enamorado creador que quiera sorprender a los lectores o espectadores.

Por ahora, lo que corresponde a nuestra idiosincrasia americana todavía es difícil comprender y mirar con profundidad el hecho de la vejez. Por los momentos está plagado de muchos estigmas. No es muy común ver este personaje como protagonista en alguna producción cinematográfica en este continente. Por los momentos, lo que puedo citar es la película argentina “Conversaciones con mamá”. De todas maneras, dicha pieza se centra más en la visión que tiene el hijo sobre su madre entrada en la tercera edad.

“Están todos bien” (Stanno tutti bene) es una road movie donde el espectador se lanza un viaje por tren con Mateo, un viejo siciliano viudo y jubilado, que decide ir a visitar a sus cinco hijos que están repartidos en diferentes ciudades de Italia. “Este viaje sólo le sirve para comprobar que, bajo una apariencia de prosperidad y bienestar, la vida de sus hijos y sus familias está marcada por la tristeza y la insatisfacción”, reseña la página Filmaffinity.

El viaje sirve como excusa para ir mostrando, a lo largo del recorrido, todos los recuerdos del viejo Mateo, y es que pasen los años que pasen siempre los padres verán a sus hijos como los niños inocentes y juguetones.

Aquí el director se pasea en esa nostalgia de los ancianos, así como sus aparentes lagunas, del mismo modo muestra el anhelo que todos los padres tienen sobre el futuro de sus hijos, y de manera inteligente lo contrasta con los fracasos.

Lo magnífico de esta pieza es el acierto y el uso equilibrado de cada elemento dentro de la historia. Las dosis de drama y de comedia están perfectamente equilibradas. Aquí se refuerza la visión del hombre familiar y padre protector que caracteriza a la sociedad italiana.

En esta película se conjuga la angelical y auténtica actuación de Marcello Mastroianni, con el toque musical de Ennio Morricone, y el acompañamiento de Tonino Guerra y Massimo De Rita en el guión, todos bajo la batuta de Giuseppe Tornatore. Esta conjugación de talento, experiencia y creatividad entrega un producto final digno del buen cine italiano, ese cine humano, profundo, comedido y alegre a la vez.

El director Guiseppe Tornatore, más recordado por su película “Cinema Paradiso” y luego “Malena”, reitera aquí el amor que siente por Italia, sus pueblos, la sencillez de su gente, regalando personajes entrañables, nobles, de espíritu humilde, ese encontrarse con la mortalidad de forma serena, personajes sin avaricia, limpios de exageraciones, comunes, cercanos, a veces fracasados y otras dignificados. Tornatore no juzga a sus personajes, los ama, al igual que Federico Fellini amó de manera infinita a los suyos.

martes, 11 de septiembre de 2012

“Un mundo feliz” o de cómo nos engañamos


Desde unos meses tengo la costumbre de hacer fichas con citas que voy tomando de los libros que leo. Le llegó el momento a la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, y desde la universidad nos la estaban recomendando, y la conseguí en oferta, cosa bien curiosa que el conocimiento y la sensibilidad se ponga en oferta, bueno, tal vez por aquello que se haga más accesible. Ojalá ese asunto se resolviera con una simple medida de mercado llamada oferta.

La novela no es fácil porque se pasea entre una especie de ciencia – ficción con algo existencialista, pareciera novela filosófica. En resumen, nos hallamos frente a un grupo de humanos que son fabricados en serie según un molde que predestina su ubicación social, con el argumento de que ello contribuye al equilibrio de la sociedad. Nos hallamos frente a sujetos que quedarán como obreros, otros como pensadores, otros como directores, pero con la salvedad que serán pocos los destinados a ser pensadores. Mientras tanto la promiscuidad forma parte de los valores y la familia como un antivalor, una especie de juego que busca evitar lazo afectivo.

Así hago mi primera ficha con la siguiente frase:

“… este es el secreto de la felicidad y la virtud: Amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento se dirige a lograr que la gente ame su inevitable destino social.”

Una entiende el sarcasmo, le da algo de risa, es un sarcasmo ligero que lanzó el escritor. Pero luego viene la segunda ficha:

“Herencia, fecha de fertilización, grupo de Bokanovsky al que pertenecía, todos estos detalles pasaban del tubo de ensayo al frasco. Sin anonimato ya, con sus nombres a través de una abertura de la pared, hacia la sala de predestinación social”

Y entonces en este punto vas entendiendo que hay muchos hechos que parecieran prefabricados, algo así como la predestinación que lanzan los dioses en las tragedias griegas, y la lucha del protagonista por ser alguien más que un simple títere del destino. Luego llega la tercera ficha:

“- Un sólo centímetro cúbico cura diez sentimientos melancólicos - dijo el predestinador ayudante, citando una frase de sabiduria hipnopédica.”

Lo confieso, en este punto llegué a pensar en el alcohol y todas las drogas, y en una especie de pensamiento nihilista una dice para sus adentros “¡Ay no vale!, este escritor se pone pacato”. Bueno, aquello de hablar del arte pacato o no, eso quedará para otro escrito, el punto es que la novela la empiezas a sentir como una cachetada a tus patrones, tus conceptos, lo que crees hermoso, lo que mirabas como supuesto equilibrio, o sandeces de rebelde sin causa.

Pero eso no es todo, luego el autor nos plantea la dicotomía entre el mundo civilizado y el mundo que consideramos primitivo, las tribus, etnias, sus costumbres, y entonces nos hallamos con un personaje que descubre el valor de las palabras como lo hizo John, el de la tribu.

“Las extrañas palabras penetraron como un rumor en su mente; como la voz del trueno; como los tambores supieran hablar; como los hombres que cantan el canto del maíz, tan hermoso que hacía llorar; como las palabras del viejo Mitsima sobre sus plumas, sus palos tallados y sus trozos de hueso y de piedra.”

Una de las cosas que también me animó a leer esta novela es la reflexión en el prólogo que lanza el escritor:

“Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto de vista práctico, el silencio sobre la verdad”

Aquí es cuando entiendes el poder de la verdad y lo grave del silencio. Que criticar unos paradigmas no es caer en moral vetusta y carente de evolución. A todas estas, nos hallamos con una novela que inteligentemente, más allá del mensaje, mezcla con frescura los textos descriptivos y los diálogos, donde además el autor hace gala del sarcasmo, la burla, nos muestra los vicios del poder y hace una invitación a que el ser humano descubra la fortaleza de su individualidad.

viernes, 27 de julio de 2012

La norma es ser “Siempre feliz”


El bien más apreciado por todo ser humano es la felicidad, son variados los caminos dibujados hacia ella, y muchas veces se confunde el dinero como la llave para obtenerla. En esta comedia dramática, producida y hecha en Noruega, de bajo presupuesto, que significó el debut de la cineasta Anne Sewitsky, nos habla no sólo de la atmósfera femenina y su cotidianidad, sino del encuentro de todo individuo hacia su libertad y dignidad.

Esta película está tan magistralmente manejada en su guión y actuaciones, que la fotografía y la banda sonora se sienten como acompañamientos que no pesan al ritmo de la historia.

Su nombre original es “Sykt Lykkelig”, ya verán ustedes si lo logran pronunciar, traducido al inglés como “Happy happy” y llevado al mercado hispano con el título de “Siempre feliz”. Estrenada en el 2010, obtuvo el premio del jurado en el Festival de Sundance y premio como mejor película en el Festival de Sevilla.

Tuve la oportunidad de verla en el ciclo de cine noruego que realizó la Fundación Celarg, y al salir me quedó la sensación como que debía haber sido hecha por una mujer, y no me equivoqué.

Dice así la sinopsis: A pesar de su soledad y del distanciamiento de su marido, Kaja es un ama de casa optimista y muy abierta. Elizabeth y Sigve, unos vecinos que acaban de instalarse y que parecen el paradigma del matrimonio perfecto, la tienen fascinada: son guapos, sofisticados, tienen un hijo adoptivo negro y cantan en un coro. (Por Filmafftinity)

Lo que pudo haberse planteado en una narrativa predecible soltó en varias oportunidades las carcajadas de los presentes en la sala. Fue una mirada casi inocente a la intimidad de las parejas cuando entran en conflicto. Sin embargo, ese nudo dejaba de ser tan inocente cuando tenía consecuencia en los hijos de ambas parejas.

Es justamente en el elemento de los infantes donde despliegan la genialidad y de la denuncia sutil, tanto la cineasta Anne Sewitsky como la guionista Ragnhild Tronvoll, y entregan en este film la originalidad del mensaje que quieren llevar.

El niño blanco jugando a que somete al niño negro, en paralelo uno de los padres es quien somete a la esposa, todos ellos como sujetos que repiten un patrón que consideran normal, y luego la ruptura de los prejuicios y los patrones como formas de hallar la verdadera felicidad.

También resalta el uso de la desnudez como símbolo de la libertad sexual para hallar la felicidad, valga redundar en la palabra, donde el acto en sí no es por buscar placer sino ese afecto que está deficiente en el interior del individuo. A la cantidad de elementos sorpresivos, dentro de la historia, se une también el final reivindicativo. Por todo ello vale la pena ver esta producción.

martes, 10 de julio de 2012

Almodovar: cineasta sin género


El arte dramatúrgico, o para cualquier escritor, camina entre tragedia y comedia desde los antiguos griegos. Estos géneros han ido fusionándose y evolucionando a la vez. La comedia conoció a su hermana, “la farsa”, de la mano de los italianos y luego de los españoles, así como la comedia burlesca, entre otros.

Por su parte la tragedia ha dado luz a otro género que es el drama, puede verse además en uno que se creía netamente perteneciente a los escritores románticos latinoamericanos como es el melodrama; pero lo que es indiscutible es que muy pocos dramaturgos o escritores lograban dominar la tragicomedia.

Pedro Almodóvar, como viejo león que domina el arte de la escritura para cine, y que de igual manera debe sortear con las técnicas de la tragedia impuestas por Aristóteles, ha buscado hacer su propio estilo, romper con los géneros, buscar la libertad absoluta de sus historias, así como lo ha declarado en diversas entrevistas.

Su más reciente película “La piel que habito” bien pudiera decirse que es el Almodóvar que él mismo quiso ser, un cineasta que no fuera fácil de encasillar. Aquí logró su obra maestra en cuanto a ruptura de género. En instantes puedes reírte con la historia, plantea pocos momentos absurdos, mientras en paralelo los personajes deben convertirse en acróbatas de sus propios dramas, sin perder en ningún momento la coherencia de los nudos y el desenlace.

Al principio de la década de los 80 pudiera verse a un Almodóvar torpe en cuanto a la construcción de la historia. No obstante estaba claro que buscaba plasmar los mundos interiores de sus personajes, sobre todo de las mujeres, como si fueran un árbol y del cual narraran desde su raíz hasta cada uno de sus ramajes.

Cuando llegan a las salas de cine “Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón”, vemos a un cineasta joven, urbano, subversivo y sobre todo cargado de sensualidad nada pudorosa, pero técnica y dramaturgicamente torpe.

Posteriormente “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” nuevamente llena la sala con su humor, sus personajes femeninos conflictuados, obstinadas, agresivas, atrevidas, soñadoras, apasionadas. Su humor se vuelve más hilarante cuando trae al cine una burla a la compasión de las congregaciones de monjas de la caridad con “Entre tinieblas”.

Para aquel entonces Almodóvar ya tenía un nombre hecho entre el grupo de los cineastas españoles, sin embargo no había clavado su apellido en el ámbito internacional hasta que trae “Mujeres al borde de un ataque de nervios” que le valió la calificación de comediante, así como la nominación al Oscar por mejor película de habla no inglesa, el premio al mejor guión en el Festival de Venecia y 5 premios Goya. Pero él no estaba a gusto con esa denominación.

En sus siguientes trabajos coqueteó con el drama, siempre desde la óptica femenina, por lo cual los críticos indicaron que sus historias consistían en melodramas. Así se pudo observar en “Átame”, “Tacones Lejanos” y “Carne Trémula”. En estos casos pudo observarse que dejaba a un lado el tema de la homosexualidad para enfocarse en el deseo femenino. Pero parecía que el público se cansaba de ese cineasta que resaltaba la sexualidad de sus personajes. Inclusive podría decirse que al introducir a Miguel Bosé en la película “Tacones Lejanos” buscaba la mirada internacional, pero no fue así.

Almodóvar sacó al mercado a un joven actor, Antonio Banderas, y lo convirtió en un león también, pero de la actuación, y de igual manera mostró el talento puro de la actriz Victoria Abril. Pero seguía el fantasma de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

En 1999 y en el 2000 los ojos del mundo volvieron hacia Almodóvar con dos dramas de punta fina como fueron “Todo sobre mi madre” y “Hable sobre ella”. El primero le valió un premio Oscar a la mejor película de habla no inglesa, y la segunda igualmente un Oscar pero a mejor guión original. Ya en ambas películas había abandonado el conflicto de la sexualidad femenina, y ahora tocaba algo más hondo, como eran sus deseos como sujeto inmerso en las relaciones humanas. En ambos casos habló del conflicto de identidad, tanto de los homosexuales como de los travestis, e incluso de la misma mujer pero en voz de un travesti como fue en el caso de “Todo sobre mi madre”, donde una vez más dio muestra de que no perdía su sentido del humor tan particular, bien podría decirse un humor almodovariano. Les valieron premios Goya, Globo de Oro, Bafta, César, y de los Críticos de Nueva York. Con estas dos películas logró sacarse un poco el fantasma de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Ahora quedaba la incógnita, ¿pertenecía Almodóvar al género del melodrama? Tal parecía que sí. ¿Pero cómo calificar su película más atrevida “La mala educación”?, esa fue ubicada en ese género, y así entraron en el mercado su dos posteriores como fueron “Volver” y “Los abrazos rotos”, donde le dio cancha abierta a la actuación de Penélope Cruz.

“La mala educación” pasó sin pena ni gloria en el ámbito de la crítica internacional. Tal parecía que su construcción de los personajes homosexuales no le interesaba al público y tampoco a la crítica, sino que buscaban a esas mujeres neuróticas de Almodóvar. “Volver” le devolvió el respeto internacional, el cual se mantuvo con “Los abrazos rotos”.

Tampoco es fácil hablar de un cine feminista en la pluma y mirada de Almodóvar, aunque así pareciera armar su estilo. Siempre sus mujeres son heroínas, fuertes, dominantes frente al yugo masculino, independientes. Había un vaivén entre el drama y la comedia. La búsqueda del amor y la autorrealización daban a sus películas un aire de melodrama. Tal como él lo confesó en entrevistas cuando habló de la película “Volver”, lleva tras de sí mucha influencia de las mujeres de su familia y del pueblo donde creció, donde eran ellas las que llevaban el orden y control de la casa.

Pero, ¿qué pasa cuando la búsqueda del amor resulta la propia condena del personaje y se halla frente a una pesadilla?, ahí está lo complejo de la historia “La piel que habito”, donde desarrolla con absoluta libertad el tema del conflicto de identidad y en paralelo dignifica el sentir de la mujer, de una forma absolutamente brutal, rozando con el estilo del film noir francés.

Anteriormente hice el inciso de Antonio Banderas y de Victoria Abril, quienes trabajaron juntos como protagonistas en “Átame”. Cabe destacar que esta película le abrió las puertas a Banderas para el mercado estadounidense. “La piel que habito” era la expectativa del reencuentro entre Banderas y Almodóvar, pero no acompañado de Abril, sino de otra actriz con la misma energía y fuerza interna como es Elena Anaya. De hecho, así mismo la define Almodóvar, y en diversas entrevistas ha asegurado que ahora viene la etapa Anaya.

En cuanto al fenómeno de las actrices cabe destacar que primero fue Carmen Maura la chica Almodóvar, posteriormente Marisa Paredes, después Penélope Cruz, y ahora le toca a la etapa Elena Anaya.

“La piel que habito” es entrar en un estilo diferente, desconocido, sin abandonar los pequeños conciertos de sus películas, con cortos diálogos pícaros. No se trata de un juego de malos y buenos, sino de personajes aún más complejos que en sus obras anteriores, sin caer en el melodrama.

Para esta película Almodóvar le solicitó a Banderas que se olvidara de todo lo que había hecho antes. Quiso hacer un trabajo desde cero partiendo de un estilo frío de los protagonistas de los film noir francés, cosa que absolutamente logró, y Banderas con el talento y la madurez consiente el capricho del director manchego. Algunos críticos miraron de mala manera la mezcla de géneros del cine, no entendían los elementos cómicos dentro de la película. Sin embargo cabe destacar que no se puede hablar de un cine español, netamente español, o italiano, sin el más mínimo asomo de algún instrumento cómico, sería saltar a otro contexto que nada tendría que ver con la sociedad española o italiana, rompería con sus idiosincrasias.

Para algunos un pastel de estilos y géneros, para mí fue la madurez de su estilo propio.

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