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jueves, 5 de marzo de 2015

País de miserables

En este momento de mi vida recuerdo la novela de Víctor Hugo. Y es que en circunstancias tan fuertes, de ruptura social, donde los esquemas se resquebrajan y la tierra de un país parece de cartón, todos los que habitan ese panorama de locura se vuelven miserables, poco o mucho, pero inevitablemente salpicados.

El dolor de un hombre como Jean Valjean, sumergido en la pobreza y arrastrado a robar un pan, una mujer con espinas en su alma como Fantine, y la crueldad de la mirada injusta reflejada en el policía Javert, quien debe ceder el rigor de sus opiniones y darse cuenta que el ser humano es más complejo de lo que él consideraba de acuerdo a sus valores sociales.

Tan vigente esta novela aún. La siento viviendo en cada calle de este país, en cada mirada que bota rabia, en cada tropiezo del ciudadano y en cada mentira que se deja colar en la atmósfera.

Todos los que andamos en estas calles atestadas de frustraciones perdimos el valor. Somos miserables por discriminar, por juzgar, por la envidia, por el resentimiento, por el odio, por la incomprensión, por los miedos que quedaron impregnados en la piel.

Ahí veo a la mujer demacrada y sin maquillaje con mirada de perro rabioso en el metro, veo también al hombre miserable que llena su boca de un buen vino en un restaurante costoso de la ciudad riéndose de la desgracia de los que pisoteó, veo la prepotencia del motorizado cual cowboy del lejano oeste, en eso nos convertimos, todos unos miserables. Si Francia sobrevivió a los miserables de una época decadente de su historia, nosotros también sobreviviremos.

Invito a todos los artistas, sean de la especialidad que sea, a leer o recapitular las líneas de una novela que trascendió los siglos, “Los Miserables”.

lunes, 6 de mayo de 2013

¿Qué le pasó a Tom Hooper?


Mientras voy leyendo la novela Los Miserables, luego de pasar varios capítulos del libro, me atreví a ver la película sin haber culminado la lectura. No quería pasar por alto la experiencia de disfrutar de la producción y la fotografía de este film en la pantalla grande.

Sin embargo, y lo confieso, sí lloré. Es que era algo inevitable, la música tan dramática, y conociendo el recorrido que traía cada personaje, es difícil no crear una especie de simpatía por cada uno de ellos, es como si los hubieras conocido en la esquina de tu casa, y cuando sucumben en el final de sus historias pues estás ahí típico panita en su entierro compartiendo un cafecito con sus familiares y dando el sentido pésame.

Confieso que no he visto ninguna otra adaptación de esta novela clásica, y no voy a discutir sobre los detalles omitidos, ni los alterados, cosa predecible en toda adaptación, no se puede decir que el espíritu de la obra de Víctor Hugo no está presente en esta producción.

Pero vamos a mirar con honestidad aquello que tantas personas han criticado, y creo que con bastante razón, y es el hecho de musicalizar de manera exacerbada una historia que reclamaba más diálogos y menos cantos, muchos de ellos repetidos con una misma melodía.

Llegó en un punto en que la reiteración de los actores hinchando el diafragma me quitaba el encanto y la fuerza de la historia, sólo por el vil motivo de hacer más dramático lo que ya era dramático per se, y yo ya dejaba de mirar a los personajes sino a los actores, es decir, un ligero divorcio con la historia. Creo, sin duda, que esa fue la razón por la cual el director Tom Hooper, no logró más éxito con esta pieza que pintaba como la histórica producción del año pasado.



No obstante, rescatemos los puntos a favor de la película, comenzando por los actores reconocidos y aquellos que sorprendieron, comenzando por la querida Anne Hathaway que por supuesto brilló, el magistral trabajo de Hugh Jackman dándole vida a un personaje bastante complejo, y por supuesto Amanda Seyfried, aunque el caso de ella no era sorpresa, ya se sabía que canta como lo demostró en el otro musical “Mamma mía”, la nota discordante fue Russell Crowe, a quien se le vio haciendo un gran esfuerzo para dar la impresión de que cantaba con fuerza. La sorpresa la puso la actriz inglesa Samantha Barks, desconocida para la mayoría del público venezolano, pero que al parecer los musicales han sido su fuerte y así lo demostró haciendo gala de su voz en una de las mejores escenas de la película.

Otro de los aciertos de Tom Hooper fue convertir a la dupla de Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen, en el toque humorístico de la película al representar al alocado matrimonio Thenardier. Ya con la simple aparición en pantalla del actor inglés rompía con todo el drama y le daba suavidad a la historia para que el público pudiera digerirla con mayor placer.

Y por favor, no dejemos de mencionar la producción, el cuidado de los detalles, la fotografía tan impecable que te lleva al infierno de cada uno de estos personajes creados por la genialidad de Víctor Hugo. Causa curiosidad que no fuera nominada en la categoría de fotografía para los premios Oscar, inclusive superada en la categoría de dirección artística por “Lincoln”, aspectos incomprensibles. Ahí quedé, entre suspirando y molesta, más diálogos, menos canciones, y por favor actores que de verdad canten.

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